Añadir The App Date como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Durante años, buena parte del negocio de los creadores se jugó lejos de la cámara. El caso de Víctor Vela, conocido como UVE, lo expone con cifras difíciles de ignorar, porque el youtuber de 6,2 millones de seguidores reclama ahora 1,8 millones de euros a su exrepresentante, a la agencia chipriota MediaCube y a la plataforma estadounidense Spotter.
La disputa no gira solo en torno a contratos mal cerrados. También incluye una querella penal por sustracción, préstamos encubiertos, contratos irregulares y apropiación indebida, un cóctel que coloca el foco en algo muy poco visible para la audiencia, que es quién controla realmente el dinero que generan los canales.
Un contrato terminó, pero el control del negocio siguió en otras manos
El vínculo de representación entre Vela y Josep Alfons Andrés Saborido cubrió de mayo de 2021 a mayo de 2022. Aun así, el exrepresentante continuó firmando acuerdos en nombre de UVE Studio SLU sin apoderamiento, una grieta que explica buena parte del conflicto posterior.
No se trata de una disputa menor entre creador y mánager. Andrés Saborido está en busca y captura por la Interpol tras huir en enero de 2025 bajo fianza por un presunto fraude a un empresario alemán.
La defensa de Vela sostiene además que Andrés Saborido sustrajo 150.000 euros para un proyecto de casino en Andorra que nunca llegó a existir. En la práctica, el dinero salió del entorno del creador para una operación que ni siquiera terminó tomando forma.
MediaCube quedó en el centro por adelantos, efectivo y préstamos caros
Otro de los frentes apunta a MediaCube, donde el equipo legal de Vela sitúa siete adelantos obtenidos sin autorización. A eso suma la retirada de 160.000 euros en efectivo y préstamos por 825.000 euros con intereses de entre el 35% y el 37%.
Ahí aparece una de las señales más llamativas del caso. Los intereses llegaron a moverse entre el 35% y el 37%, un nivel que cambia por completo la lectura de cualquier anticipo cuando el ingreso futuro del canal queda comprometido.
En febrero de 2025 la cuenta de monetización de MC Pay asociada a los canales de Vela quedó bloqueada. Según la defensa, ese bloqueo retuvo los ingresos de YouTube y vino acompañado de una falsificación de la identidad del creador.
El equipo legal también llevó denuncias al Banco Central de Chipre, que las desestimó, y a la Agencia de Protección de Datos de Chipre, que todavía no ha respondido. Para cualquier creador, ese recorrido burocrático añade otro problema muy concreto, porque el conflicto deja de ser solo contractual y pasa a tocar el acceso al dinero ya generado.
Spotter pagó parte del acuerdo, pero el resto acabó en otra cuenta
Spotter entró en la relación con un contrato de 500.000 dólares para la cesión de derechos de vídeos antiguos de UVE. La compañía, valorada en 1.700 millones de dólares y participada por Amazon y SoftBank Vision Fund, llegó a ingresar 300.000 dólares dentro de ese acuerdo.
El problema apareció con el tramo pendiente. Según la denuncia, Andrés Saborido utilizó una firma electrónica para desviar los 200.000 dólares restantes y otros 15.000 dólares de comisión a su cuenta personal de Openbank sin autorización.
Spotter firmó además un segundo contrato por 156.000 euros que Vela considera nulo porque no lo reconoce. En paralelo, la propia plataforma ha admitido falta de análisis al realizar pagos a una cuenta bancaria del exrepresentante en lugar de hacerlos a la empresa del youtuber.
La negociación abierta deja una cifra concreta sobre la mesa
Pese al choque judicial, Vela y Spotter negocian un acuerdo extrajudicial. La propuesta incluye un pago de 340.000 dólares y un reparto de beneficios al 50% durante tres años, aunque ambas partes mantienen discrepancias sobre cómo fraccionar ese abono.
Visto desde fuera, el caso mezcla dos capas que suelen ir separadas. Por un lado está el tirón de un creador con millones de seguidores y contratos internacionales. Por otro, una cadena de firmas, cuentas y adelantos donde un error de control puede costar cientos de miles de euros.
Al final, la tensión más clara no está en la audiencia de UVE ni en el valor de Spotter, sino en algo mucho más básico. Un contrato de 500.000 dólares terminó con 300.000 correctamente ingresados, mientras otros 200.000 dólares y 15.000 de comisión acabaron, presuntamente, en la cuenta personal del exrepresentante.