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Un cartel en la puerta ha bastado para convertir a un restaurante de La Laguna en tema de conversación. El Guachinche Casa Aguere, abierto desde hace menos de dos meses y especializado en gastronomía canaria, ha vetado la entrada a influencers con un mensaje directo en la entrada del local.
La frase elegida no deja mucho margen para la interpretación. El local ha colocado en su entrada el aviso "Prohibida la entrada a influencers" y después ha reforzado la decisión en sus redes sociales, donde ha explicado por qué quiere marcar esa distancia.
El restaurante defendió su veto con un mensaje pensado para agitar
Desde sus perfiles, el negocio sostiene que una parte de los afectados busca comer, viajar o conseguir cosas gratis sin aportar un valor real. No plantea una crítica general a la creación de contenido como profesión, pero sí traza una línea entre quienes trabajan con una comunidad y quienes persiguen ventajas sin ofrecer retorno.
"Hoy cualquiera puede tener seguidores. Comprar una cámara, grabar cuatro vídeos y llamarse creador de contenido es relativamente fácil" - El Guachinche Casa Aguere
Después, el propio establecimiento elevó el tono de su argumento al defender que lo difícil no es publicar, sino generar confianza. Ahí sitúa la diferencia entre un perfil profesional y otro que recomienda lugares sin credibilidad ni experiencia real previa.
"Lo realmente difícil es construir una comunidad que confíe en ti, que crea en tu palabra y sepa que cuando recomiendas algo es porque de verdad lo has probado y te gusta" - El Guachinche Casa Aguere
También llegaron reproches por lo que hizo en sus primeros días
No toda la reacción ha ido en la misma dirección. Algunos usuarios han tachado al negocio de hipócrita al recordar que durante los primeros días de apertura sí invitó a creadores de contenido para ganar seguidores.
Esa crítica toca un punto sensible porque el restaurante lleva menos de dos meses abierto. Algunos usuarios recuerdan que el local invitó a creadores en sus primeros días para ganar seguidores, de modo que el veto actual no se lee solo como una norma de acceso, sino también como un cambio de postura.
Al mismo tiempo, otra parte de la conversación ha respaldado al establecimiento con un lenguaje mucho más áspero. Algunos comentarios aplauden la decisión y llegan a describir a ciertos creadores como vagos o como gente que vive del cuento.
La discusión va más allá del cartel y apunta al intercambio de visibilidad
Más que una simple anécdota de puerta, el episodio expone una tensión conocida entre pequeños negocios y perfiles que ofrecen promoción a cambio de consumo o trato preferente. El restaurante insiste en que no cuestiona crear contenido como profesión, sino el beneficio sin contraprestación real.
Publicado el 2 de agosto de 2026, el caso deja una contradicción difícil de esquivar. El mismo local que ahora exhibe un veto a influencers arrastra reproches por haber recurrido a creadores de contenido cuando necesitaba visibilidad en sus primeras semanas.