Dos indicadores se están usando en redes para poner en duda si ciertos físicos fitness son realmente naturales: el FFMI y la forma en que se desarrollan algunos grupos musculares del tronco.
El debate no surge porque sí. En el ecosistema fitness conviven perfiles que hablan abiertamente de anabolizantes, efectos secundarios y riesgos con otros que venden rutinas, cursos o dietas sin explicar cómo lograron su aspecto físico. Ahí es donde mucha gente busca herramientas para separar una transformación plausible de otra que probablemente no se haya conseguido solo con entrenamiento y alimentación.
El FFMI: una referencia más útil que el IMC para valorar desarrollo muscular
El primer método es el Índice de Masa Libre de Grasa, o FFMI. Se presenta como una medida más precisa que el IMC porque no se limita a relacionar peso y altura, sino que tiene en cuenta cuánto de ese peso corresponde a masa magra y cuánto a grasa. En la práctica, eso lo vuelve bastante más útil cuando se intenta valorar el nivel real de desarrollo muscular de una persona.
Su cálculo parte de dividir el peso total de masa magra entre la altura, y el resultado se interpreta según el nivel de desarrollo muscular en kilos de músculo magro por metro cuadrado. Como referencia, en hombres un FFMI habitual se mueve entre 18 y 20, mientras que en mujeres suele situarse entre 14 y 17. Los culturistas de élite que compiten en categorías naturales suelen llegar, como máximo, a una franja de entre 25 y 26.
Ese dato es el que convierte al FFMI en una señal práctica para el usuario común. Si alguien presume en redes de un físico muy por encima de ese rango, el indicador apunta a que lo más probable es que no lo haya conseguido de forma natural. Dicho de forma más directa: un FFMI superior a 26 sugiere que ese resultado difícilmente se ha logrado solo con dieta y entreno.
"el límite biológico natural" - expertos, de Thesis Training
Eso no convierte el FFMI en una prueba absoluta, pero sí en una referencia útil para contextualizar lo que se ve en Instagram, TikTok o YouTube. Sirve, por ejemplo, cuando un creador vende una rutina como si cualquiera pudiera alcanzar su mismo cuerpo en pocos meses. Si las cifras se disparan por encima de lo que se considera natural, conviene mirar esas promesas con bastante más escepticismo.
El segundo filtro: dónde se concentra el crecimiento muscular
El otro método no se basa tanto en una cifra como en la observación del cuerpo. La atención se pone en los grandes grupos musculares dominantes, sobre todo en el tronco. Aquí el patrón importa más que el volumen general: no se trata solo de estar muy musculado, sino de ver si ciertas zonas crecen de forma desproporcionada.
"los trapecios, los hombros y la parte superior del pecho tienen significativamente más receptores androgénicos" - especialistas, de Thesis Training
La idea asociada es que esas áreas serían más sensibles a los efectos de los esteroides. Por eso, cuando destacan de una forma muy llamativa frente al resto del físico, se interpretan como una señal de alerta. No es un detalle menor: son precisamente zonas muy visibles en fotos, posados y vídeos de entrenamiento, así que también son las que más condicionan la impresión de un físico "imposible".
"Cuando una persona usa sustancias de este tipo, las zonas con más receptores androgénicos crecen de forma desproporcionada" - especialistas, de Thesis Training
En uso real, este criterio funciona como un complemento del FFMI. Si una persona muestra un desarrollo muy extremo en trapecios, hombros y pecho superior, y además sus proporciones apuntan a un FFMI por encima de 26, la sospecha gana peso. Si solo se cumple uno de los dos factores, la lectura ya es menos clara.
Lo importante no es usar estas referencias para señalar a cualquiera, sino para interpretar con más criterio lo que se vende en redes. Cuando alguien comercializa entrenamientos, planes de dieta o cursos apoyándose en un físico que probablemente no ha construido de forma natural, el problema no es solo estético: también distorsiona expectativas y hace pasar por alcanzable algo que quizá no lo sea en esas condiciones. Por eso estas dos herramientas interesan tanto: no resuelven el debate por completo, pero sí ayudan a mirar ese escaparate con menos ingenuidad.