Un estrabismo destapó un tumor cerebral inoperable: Baxter murió seis meses después

Jennifer Burnham anunció la muerte de su hijo Baxter, de 4 años, tras un glioma difuso de línea media detectado en abril después de que un aparente problema ocular llevara a una resonancia.

17 de octubre de 2026 a las 10:53h
Un estrabismo destapó un tumor cerebral inoperable: Baxter murió seis meses después
Un estrabismo destapó un tumor cerebral inoperable: Baxter murió seis meses después

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Jennifer Burnham compartió una noticia devastadora el lunes 5 de octubre. La influencer anunció la muerte de su hijo Baxter, de cuatro años, después de una enfermedad que cambió por completo la vida de su familia en apenas seis meses.

Hasta abril, Baxter llevaba una vida normal para su edad. El giro llegó cuando un problema en el ojo izquierdo acabó destapando un tumor cerebral que al principio nadie esperaba, porque los primeros síntomas apuntaban a un estrabismo.

"El cielo le dio la bienvenida a nuestro ángel Baxter el pasado lunes 5 de octubre" - Jennifer Burnham, influencer

A partir de ahí, el recorrido médico avanzó con una rapidez difícil de asimilar. Un oftalmólogo detectó que el niño cruzaba el ojo izquierdo, le colocó un parche y dejó programada una cirugía ocular para mediados de abril, pero antes pidió una resonancia magnética para descartar otras causas.

Una resonancia cambió por completo el diagnóstico inicial

Fue esa prueba la que llevó a la familia al Hospital CHOC de inmediato. Allí, nuevas resonancias confirmaron un glioma difuso de línea media situado en el tronco encefálico, un tumor inoperable e incurable.

Tres días después del diagnóstico, los médicos sí pudieron intervenir otra zona afectada. La cirugía extrajo una parte del tumor alojada en el cerebelo tres días después del hallazgo y después Baxter recibió radioterapia de protones en San Diego.

Burnham relató que el contraste entre la aparente normalidad de su hijo y la gravedad del diagnóstico fue una de las partes más duras. Hablaba de un niño sano y feliz al que, de pronto, le detectaron una enfermedad que ni siquiera figuraba entre las posibilidades que imaginaba la familia.

"Cuando hicimos la resonancia magnética, nos dijeron que encontraron un tumor cerebral y que debíamos ir al Hospital CHOC de inmediato. Allí procedieron a hacer una serie de resonancias magnéticas diferentes en las que descubrieron que tenía un glioma difuso de la línea media, que en el mundo de los tumores cerebrales es esencialmente el peor tipo de tumor que se puede tener porque está en el tronco encefálico y es inoperable e incurable" - Jennifer Burnham, influencer

El caso también refleja algo que muchas familias descubren demasiado tarde. Un síntoma que parecía localizado en la vista terminó revelando un problema neurológico mucho más profundo, con un margen de actuación muy limitado desde el primer momento.

La familia agotó todas las vías que tuvo a su alcance

Después de la cirugía y la radioterapia, la búsqueda de opciones no se detuvo. La familia recurrió a terapias como la luz roja, el oxígeno hiperbárico y los baños de oxígeno, y además viajó dos veces a Europa durante el verano para recibir tratamientos.

No era una búsqueda menor ni simbólica. La familia viajó dos veces a Europa durante el verano mientras combinaba varios tratamientos alternativos, en un intento por encontrar alguna salida frente a un tumor ubicado en una zona que controla funciones neurológicas esenciales.

Burnham describió esos meses como la peor pesadilla de cualquier padre. También explicó que la impotencia resultaba especialmente dura porque el tronco encefálico no permite una operación directa sobre el tumor principal.

"Hicimos literalmente todo lo posible por nuestro hijo, como lo haría cualquier padre en esta situación para ayudarlo, curarlo o encontrar una salida a esto. Él fue muy fuerte, un verdadero luchador que combatió literalmente hasta el último día con una sonrisa en el rostro y siendo el niño más feliz" - Jennifer Burnham, influencer

En medio del duelo, Burnham recordó detalles cotidianos que devuelven dimensión real a una historia que podría quedarse en el parte médico. Habló de un niño que llevaba coches en cada mano, que recogía flores en los paseos y que quería a su familia, a las galletas con chispas de chocolate, al karate y a sus amigos.

Ese contraste entre una rutina infantil reconocible y un diagnóstico inoperable e incurable atraviesa toda la historia. Todo ocurrió en un intervalo de seis meses entre el diagnóstico de abril y la muerte del lunes 5 de octubre.

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