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La muerte de Chen Ziyi, conocida en internet como Ganfan Yingying, deja una imagen difícil de apartar del ruido habitual de las plataformas. Tenía 24 años, reunía 1,2 millones de seguidores y su familia comunicó el fallecimiento a través de redes sociales.
Detrás de esa audiencia masiva había un tipo de contenido que lleva años empujando los límites del cuerpo. El mukbang nació en Corea del Sur hace dos décadas y acabó entrando incluso en el Oxford English Dictionary, una señal clara de hasta qué punto pasó de nicho local a fenómeno global.
En el caso de Chen Ziyi, la exposición no era solo una cuestión de espectáculo frente a la cámara. La creadora había sufrido bulimia durante la adolescencia y, ya en su etapa como influencer, llegó a comer 70 huevos en uno de sus directos.
El cuerpo terminó pagando el ritmo que exigía el contenido
Chen Ziyi fue hospitalizada por hipopotasemia y sufrió un paro cardíaco. La secuencia coloca el foco en una tensión conocida en el entorno digital, cuando la lógica de publicar cada vez más choca con límites físicos que no admiten negociación.
Desde el centro médico, la propia creadora explicó qué estaba ocurriendo en su organismo.
"Comer tanto y con tanta frecuencia me provocó una bajada de potasio. Mi nivel de potasio en sangre bajó hasta 2,3, cuando el rango normal se sitúa entre 3,5 y 5,5. Mantuve durante un periodo prolongado horarios irregulares y pasé noches sin dormir. Aunque ganar dinero es importante, la salud siempre debe ser lo primero". - Chen Ziyi, creadora de contenido
La cifra ayuda a medir la gravedad sin necesidad de añadir dramatismo. Su potasio en sangre cayó hasta 2,3 cuando el rango normal va de 3,5 a 5,5, una diferencia que coincide con el cuadro por el que terminó ingresada.
El mukbang convirtió la comida en espectáculo y también en presión
No hablamos de un formato menor ni de una rareza pasajera. El mukbang construyó una audiencia enorme a partir de emisiones en las que el creador come grandes cantidades de alimento ante la cámara, y esa mecánica premia la exageración con atención inmediata.
Ahí aparece una pregunta incómoda para cualquiera que siga este tipo de vídeos de forma casual. Cuando la recompensa llega por comer más, durante más tiempo y con más frecuencia, el margen entre actuación y daño real puede encogerse muy deprisa.
En el caso de Chen Ziyi, ese margen prácticamente desapareció. Después de sus directos, se provocaba el vómito para poder sostener el ritmo de ingesta, un dato que retrata mejor que cualquier discurso hasta dónde había llegado la exigencia del formato.
Su historia mezcla tres elementos que rara vez conviven sin consecuencias, una audiencia de 1,2 millones de personas, antecedentes de bulimia desde la adolescencia y una rutina de horarios irregulares con noches sin dormir. El resultado no fue una discusión abstracta sobre internet, sino un paro cardíaco tras un ingreso por hipopotasemia.