Katerina Moretti ha convertido sus redes sociales en una herramienta de visibilidad, pero su discurso va mucho más allá de la exposición personal: pone el foco en el empleo, los prejuicios y la forma en que se sigue mirando a las personas con síndrome de Down.
Con 135.000 seguidores, Moretti, conocida como “La Cate”, se presenta como influencer y comunicadora. Ella misma sitúa el origen de esa actividad en una idea muy concreta: “empoderarme de mi diferencia, porque ser diferente es un valor”. Ese mensaje se repite en su presencia pública y funciona como eje de todo lo que cuenta, tanto en redes como fuera de ellas. No plantea la diferencia como algo que haya que disimular, sino como una parte visible de su identidad.
Redes sociales como altavoz, no solo como escaparate
El uso que hace de sus perfiles tiene un componente práctico muy claro: responder a estereotipos que siguen vigentes. Moretti denuncia la infantilización de las personas con síndrome de Down y cuestiona expresiones que, aunque a veces se presentan como amables, acaban reduciendo a la persona a una caricatura. Ha criticado frases como “siempre somos niños” o la idea de que “no podemos” hacer determinadas cosas, además de esa imagen de “angelitos” que, en su opinión, sigue pesando demasiado.
"Las etiquetas están en la ropa, no en la persona" - Katerina Moretti, influencer y comunicadora
Su postura es directa y fácil de entender: no pide un trato paternalista, sino una mirada normalizada. Cuando dice que “ser diferente es un valor y no pasa nada”, lo que hace en la práctica es desmontar una visión muy instalada que sigue asociando discapacidad con incapacidad. Esa es, probablemente, la parte más útil de su mensaje para quien la sigue: baja el debate a situaciones cotidianas y lo saca del terreno abstracto.
La inclusión laboral, en el centro de su reivindicación
Si hay un terreno donde esa brecha se vuelve especialmente visible es el trabajo. En España, de las 23.000 personas con síndrome de Down en edad de trabajar, solo un 9% tiene empleo. Ese dato explica por qué Moretti insiste tanto en este punto. No lo plantea como una aspiración idealista, sino como una cuestión de derechos: “el trabajo es un derecho para todos”.
Su experiencia profesional también refuerza ese argumento. Lleva tres años trabajando en Simorra, una firma de moda española, con una función que define como “multitasking”. Colabora en recursos humanos, contabilidad, producción, diseño y marketing. No es un detalle menor: muestra una integración real en distintas áreas de la empresa, lejos de ese enfoque simbólico en el que la inclusión se queda en el titular pero no llega a las tareas del día a día.
Moretti resume una de las barreras principales con una frase simple y dura: “para una persona con síndrome de Down no es común entrar al trabajo”. Su petición a las empresas también va por ahí. Reclama “más empatía, más escucha, ir más lento”, una expresión que no apunta a rebajar la exigencia, sino a entender mejor los ritmos y asumir que la diversidad no se gestiona con una plantilla única para todos. A eso añade otra idea que funciona casi como lema: creer “en el talento sin etiquetas”.
Un perfil público que también responde al odio
La exposición en redes no solo le ha servido para lanzar mensajes positivos. También ha tenido que enfrentarse al odio directo. Moretti contó haber recibido un mensaje con el texto “algo down, mátate”. Su respuesta fue bloquear. Es una reacción sencilla, pero también reveladora: no intenta convertir cada ataque en una batalla pública ni dar visibilidad extra al agresor. Marca un límite y sigue adelante.
Cuando explica que ama su condición genética y que no va a permitir que un insulto defina su vida, introduce otro matiz importante. No habla desde la negación ni desde la necesidad de encajar en un modelo ajeno, sino desde la aceptación de su propia identidad. En ese sentido, su papel como comunicadora parece más preciso que el de influencer en el sentido clásico del término. De hecho, ella misma lo deja claro: “Yo me veo más comunicadora”.
Ese perfil también se sostiene sobre formación y trabajo. Moretti se graduó con una nota sobresaliente en la Escuela de Locutores de Chile, un dato que encaja con la manera en que construye su discurso público: claridad, intención y una voluntad evidente de intervenir en conversaciones que todavía arrastran demasiados prejuicios.
Su mensaje final a familias y empresas quizá sea el más útil porque va al núcleo del problema: “Crean en nosotros y no en nuestro diagnóstico”. No hay una propuesta grandilocuente detrás, sino algo más concreto y más difícil: dejar de mirar primero la etiqueta para empezar a mirar a la persona. Ahí es donde su voz realmente aporta algo distinto y donde deja de ser solo otra figura más en redes para convertirse en una referencia con impacto real.