La presencia de influencers en los Goya no respondió solo a una decisión de imagen estuvo ligada al peso de los patrocinadores en una gala con aforo limitado y alto coste de organización.
La 40.ª edición de los Premios Goya, celebrada el 28 de febrero en el Auditorio del Centro de Convenciones Internacionales de Barcelona, dejó una polémica que fue más allá de la alfombra roja. La discusión se centró en la asistencia de creadoras de contenido como Laura Escanes, Dulceida, Jesica Goicoechea, Elena Gortari y Carla Flila, invitadas por la Academia de Cine. La crítica no tardó en aparecer en redes sociales y semanas después volvió a salir a la superficie en el pódcast "B3tter".
La crítica presencia visible, pero cuestionada
Una de las reacciones más directas fue la de Marc Biarnés, actor, cómico y creador de contenido, que cuestionó abiertamente qué papel tenían determinados perfiles en una cita centrada en el cine. Su reproche apuntaba a una idea muy concreta la desconexión entre algunos de esos invitados y la promoción real del cine durante el resto del año. No era una crítica a la existencia de la alfombra roja en sí, sino a quién la ocupa y con qué criterio.
El malestar nace de una percepción bastante clara hay invitados con visibilidad mediática, pero sin vínculo evidente con la industria cinematográfica. Cuando esa imagen coincide con académicos que no pueden entrar en la gala, la polémica gana otra dimensión.
La explicación de Macarena Gómez aforo limitado y peso de los patrocinadores
Macarena Gómez puso cifras y contexto a esa discusión en "B3tter". La actriz explicó que el problema empieza por una cuestión muy práctica si hay alrededor de mil académicos y solo 500 butacas, una parte importante se queda fuera. Ella misma aseguró que le ha ocurrido en varias ocasiones. Esa limitación convierte cada invitación en un asunto sensible.
Su explicación fue más allá del aforo. Gómez vinculó directamente la presencia de influencers con la financiación del evento. Organizar una gala de los Goya en Barcelona o en cualquier otra ciudad es, en sus palabras, carísimo. Ahí entran los patrocinadores, y con ese apoyo económico también llega capacidad de decisión sobre a quién invitar. La consecuencia es sencilla de entender quien ayuda a pagar la gala gana margen para colocar a sus propios invitados en un espacio de máxima visibilidad.
"Los influencers que pasan la alfombra roja después no se sientan a ver la gala, pasan y se van luego de fiesta" - Macarena Gómez, actriz
La frase resume bien por qué el debate ha prendido con tanta fuerza. No se discute solo la foto en la entrada, sino el sentido de esa invitación dentro de un evento que, en teoría, debería priorizar a quienes forman parte del cine español. Si además hay académicos que se quedan sin asiento, la presencia de rostros ajenos a la gala se interpreta con más facilidad como un peaje de patrocinio que como una decisión cultural.
Eso es lo que explica, en términos prácticos, la presencia de influencers en la alfombra roja no tanto una apuesta artística como el margen de maniobra de quienes financian una ceremonia cara y limitada en espacio. La polémica, por tanto, no parece cerrada. Mientras siga existiendo esa tensión entre representación del sector, aforo y compromisos comerciales, cada invitación seguirá leyéndose como algo más que una simple aparición ante las cámaras.