Alfonso Ortega, creador de contenido conocido como Cocituber, reabrió su choque con Pepe Rodríguez al negar cualquier reconciliación y recuperar una escena que mezcla egos, cámaras y una norma que toca de lleno a quien vive de grabar su experiencia con el móvil.
La discusión no gira alrededor de una receta ni de una crítica gastronómica. Va de algo mucho más reconocible para el público de internet, que es el límite entre la imagen de un local y el derecho de quien entra con su teléfono a registrar lo que hace.
Ortega negó que hubiera paz con Pepe Rodríguez
Durante su paso por el podcast A las Bravas, Alfonso Ortega dejó claro que no hubo acercamiento con Pepe Rodríguez, chef de El Bohío y jurado de MasterChef. De hecho, situó el origen del malestar en unas declaraciones previas del cocinero sobre los influencers.
"Pepe se encaró un poco con nosotros, con los influencers. No le gustamos e hizo un vídeo muy raro" - Alfonso Ortega, creador de contenido conocido como Cocituber
Después matizó además que ambos participaron en el mismo podcast, aunque en días distintos. Ahí descartó la idea de un encuentro reparador y sostuvo que el chef los criticó sin conocerlos.
Ortega lo formuló con una frase más directa cuando afirmó que coincidieron en el mismo espacio, pero no en la misma grabación, y que Pepe Rodríguez "nos puso como muy a parir sin conocernos de nada".
La discusión llegó cuando apareció el móvil dentro del restaurante
Más allá del cruce personal, el punto más concreto apareció al hablar de las grabaciones dentro del establecimiento. Ortega reprodujo la exigencia que atribuye a Pepe Rodríguez y ahí la polémica dejó de ser abstracta.
"Aquí a mi restaurante si queréis grabar, pagáis" - Alfonso Ortega, al reproducir la exigencia de Pepe Rodríguez, chef de El Bohío y jurado de MasterChef
Esa frase resume una fricción cada vez más visible entre hostelería y creadores. Para muchos clientes, sacar el móvil forma parte de la visita. Para algunos locales, esa grabación entra en otro terreno cuando se convierte en contenido con difusión pública.
Ortega respondió desde esa lógica cotidiana del usuario que se filma a sí mismo. Su réplica fue que, si quiere grabarse con su móvil, entiende que puede hacerlo legalmente, y añadió que una prohibición tendría que aplicarse a todo el mundo por igual.
El tono bajó rápido, pero dejó varios dardos por el camino
No describió un enfrentamiento largo. Alfonso Ortega restó recorrido al choque al decir que contestaron, aunque tampoco hubo una gran escalada, y resumió la actitud de Pepe Rodríguez con una expresión coloquial al señalar que vino "un poquito cuñadete".
Raúl Pérez, presentador del espacio, rebajó la tensión con una réplica inmediata y le devolvió el golpe verbal con humor al responderle que él mismo se puso "más cuñadete".
Ahí aparece una contradicción curiosa. Ortega endurece el relato cuando niega cualquier reconciliación, pero también quita hierro al episodio cuando admite que la polémica no dio para mucho más. Esa mezcla de pulla y desahogo explica por qué el asunto sigue vivo sin convertirse en una guerra abierta.
El remate, de hecho, no fue una amenaza ni un portazo. Ortega cerró con un mensaje directo a Pepe Rodríguez y dijo que un día irá a su restaurante porque está seguro de que allí "se come de puta madre".