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La vida de Álex Manrique cambió el 8 de julio de 2023 en una escena que parecía cotidiana. Entró en la playa de Somo, se golpeó la cabeza contra la arena, se fracturó la quinta vértebra cervical y desde entonces vive con tetraplejia.
Tenía 25 años, era de Santander, trabajaba como comercial de seguros, jugaba como portero, entrenaba a niños y estaba a punto de independizarse. Un baño de verano rompió esa rutina y lo llevó primero al Hospital Marqués de Valdecilla, adonde llegó en helicóptero con hipotermia y al borde de una parada cardiaca.
Un mes después lo trasladaron al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde pasó casi un año. Ahora reparte su tiempo entre la rehabilitación y una tarea menos visible, pero igual de concreta, que consiste en explicar en redes sociales, colegios y conferencias qué significa una lesión medular cuando la cámara se apaga.
"Que no hace falta tirarse desde 20 metros para acabar en una silla de ruedas. A mí me pasó entrando en la playa como hacemos todos. Hay que tener muchísima precaución cada vez que entramos al agua. No se trata de tener miedo, sino de tener cabeza. También hay que valorar cuando estamos bien. No dar por hecho que siempre vamos a estar sanos. La vida te puede cambiar de un día para otro" - Álex Manrique, tetrapléjico y divulgador
Su mensaje incomoda justo porque desmonta una idea muy extendida. El accidente grave en el agua no siempre llega con una imprudencia llamativa ni con una escena extrema, a veces aparece en un gesto tan corriente como entrar en el mar.
Álex Manrique convirtió la rehabilitación en una forma de explicar lo invisible
Cuando empezó a encontrarse mejor, abrió otra conversación. Subió vídeos para responder a la gente que le preguntaba qué había pasado y terminó descubriendo que esa exposición también servía a otras personas con problemas muy distintos.
"En cuanto empecé a encontrarme mejor, subí algún vídeo para explicar lo que me había pasado, porque mucha gente me preguntaba y no podía contestar uno a uno. Luego vi que esos vídeos ayudaban a personas con problemas distintos al mío. Eso me llena y también me ayuda a mí. Cuando la gente me escribe o me da las gracias, me encanta porque cuando yo estaba mal, veía en las redes de otras personas que había futuro" - Álex Manrique, tetrapléjico y divulgador
Esa utilidad práctica de las redes no tiene mucho que ver con la exhibición. Funciona más bien como una cadena de referencias entre personas que buscan pruebas de vida cotidiana, algo tan simple y tan difícil de encontrar como ver que otro ha pasado por ahí y sigue avanzando.
Hoy vive en un piso adaptado en Peñacastillo y se mueve de forma autónoma en una silla de ruedas motorizada. Ha logrado organizar una vida diaria con autonomía en un piso adaptado, aunque cada desplazamiento siga dependiendo de detalles que mucha gente ni mira.
La ciudad todavía pone trabas cuando una silla llega sola
Manrique evita el tono de denuncia permanente y prefiere enseñar. Ahí aparecen los bordillos, los escalones de un restaurante o los eventos a los que no puede entrar si no va acompañado por amigos que le echen una mano.
"Impacta más enseñar las cosas sin quejarse. Que la gente lo vea y se dé cuenta por sí sola de esas cosas en las que, antes de mi lesión, yo tampoco me fijaba. Quiero que quien no va en silla de ruedas vea lo que supone un simple bordillo, pero desde el buen rollo. Para mí es un mundo como no tengo las manos bien para manejar la silla con destreza, si voy solo debo tener muchísimo cuidado porque una caída puede ser muy seria. O un restaurante con tres escalones, si voy con amigos, me ayudan a entrar, pero si no, no puedo acceder. Todavía hay muchos sitios y eventos de los que nos quedamos fuera. Poco a poco las construcciones nuevas son accesibles, pero queda mucho por hacer" - Álex Manrique, tetrapléjico y divulgador
Visto desde fuera, tres escalones parecen poca cosa. Visto desde su situación, son la diferencia entre entrar o quedarse en la puerta, y también entre moverse con libertad o calcular cada salida como si fuera una ruta con obstáculos.
A las instituciones les pide algo muy concreto, que pregunten antes de diseñar soluciones. Reconoce mejoras en Santander, como más carriles bici y aceras nuevas adaptadas, pero insiste en que quienes viven esas barreras a diario pueden detectar problemas y proponer arreglos con mucha más precisión.
Su recuperación avanzó a base de pequeños gestos que antes parecían automáticos
La otra parte de la historia está en el cuerpo. Los médicos le dijeron que, por lo alta que era la lesión, no iba a poder vestirse o ducharse solo, y su respuesta diaria ha sido convertir cada gesto recuperado en una meta concreta.
"Lógicamente, esto no es un camino de rosas, pero tras haber estado tan cerca de la muerte solo tenía una idea, tirar hacia delante. Y lo que me mantiene es superarme cada día. Los médicos me decían que, por lo alta que era mi lesión, no iba a poder vestirme o ducharme solo, pero cada pequeño reto que logro me demuestra que merece la pena seguir" - Álex Manrique, tetrapléjico y divulgador
Hay una dimensión muy física en ese progreso y otra que no cabe en una estadística. Puede llevarse un vaso a la boca y comer por sí mismo, dos acciones mínimas para cualquiera que fuera de esa situación, pero enormes cuando durante meses la prioridad fue seguir vivo.
Por eso su manera de contarlo no gira alrededor de una épica fácil. Gira alrededor de comparaciones duras con compañeros más jóvenes que necesitan respirador de por vida, ayuda para beber o una vivienda con ascensor que nunca tuvieron, una realidad que también marca quién puede salir a la calle y quién no.
"Me siento afortunado, aunque tenga una tetraplejía. Afortunado de poder estar aquí, de poder venir solo, de llevarme un vaso a la boca o comer por mí mismo. He tenido compañeros incluso más jóvenes que necesitan un respirador toda la vida o a alguien que les dé de beber o que vivían en un tercero sin ascensor y solo podían bajar a la calle una vez al mes cuando un amigo les ayudaba, porque no todas las familias pueden permitirse una silla. También por mi familia, porque sin ellos quizá no estaría aquí, y por mis amigos, que han estado desde el primer momento. Me siento muy afortunado de cómo estoy, de la suerte que he tenido y de la gente que me rodea, que me ayuda a superar lo que venga. A pesar de ir en silla de ruedas, me considero una persona superfeliz" - Álex Manrique, tetrapléjico y divulgador
Ese contraste deja una idea difícil de ignorar. La lesión empezó con un golpe contra la arena en Somo, pero sus consecuencias reales también dependen del entorno, del dinero para una silla, de un ascensor, de un bordillo y de si un restaurante tiene tres escalones o ninguno.