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La compra de una vivienda por parte de Sandra Ruiz ha terminado convertida en algo más que una publicación personal. La creadora jerezana ha decidido cerrar la conversación después de varios días de críticas, reproches y acusaciones, con un mensaje tajante sobre el desgaste que le ha provocado la polémica.
Ruiz no deja margen para una segunda ronda. Ha dicho que esta será la última vez que hable de este asunto porque, en sus palabras, la discusión ya “se está yendo de mal”.
El punto de fricción no estuvo solo en mostrar la casa, sino en hacerlo dentro de un debate especialmente sensible como el acceso a la vivienda. Sandra Ruiz quiso anticipar esa lectura y sostuvo que no podía comunicar la compra sin reconocer el contexto social en el que se produce.
"Para mí era imposible dar la noticia sin reconocer el contexto en el que vivimos" - Sandra Ruiz, creadora de contenido
Ahí situó una de sus ideas centrales. Ruiz remarcó que sabe que acceder a una vivienda es un privilegio y trató de encajar esa experiencia personal dentro de una conversación más amplia sobre la crisis habitacional.
Ruiz respondió a las críticas con un argumento sobre privilegio y discurso público
Parte de la respuesta llegó tras un hilo de Twitter que cuestionaba a tres influencers por comprar casa mientras hablaban del problema de la vivienda. Sandra Ruiz llevó esa crítica a otro terreno y comparó ese reproche con la idea de que una persona con privilegios no pudiera pronunciarse contra otras desigualdades.
"Por esta regla de tres yo no podría... de un discurso antirracista, porque como soy una persona blanca, hegemónica, europea, que gozo de esos privilegios, no puedo hacer un alegato antirracista" - Sandra Ruiz, creadora de contenido
Su planteamiento busca separar dos planos que en redes suelen mezclarse con rapidez. Una cosa es beneficiarse de una posición determinada y otra, según expone, quedar invalidada para hablar del problema.
También intentó cortar otra sospecha habitual cuando alguien enseña una compra inmobiliaria en internet. Ruiz afirmó que la vivienda necesita reformas y que la ha comprado para uso personal, no para especular con ella.
Mostrar la casa o callarla implicaba críticas en los dos casos
La creadora plantea un callejón sin salida bastante reconocible para cualquiera que exponga su vida en redes. Si no enseñaba la vivienda y aparecía viviendo allí, llegaría una crítica. Si la mostraba y evitaba hablar de la crisis de la vivienda, aparecería otra.
Ese razonamiento explica por qué decidió publicar la compra aun sabiendo el tipo de reacción que podía despertar. En su versión, no había una salida limpia, sino dos formas distintas de alimentar el mismo reproche.
Además de discutir el fondo del asunto, Sandra Ruiz denunció ataques personales. Llegó a señalar que una persona de Jerez habría difundido comentarios difamatorios sobre ella, un paso que desplaza la conversación desde la crítica pública hacia el terreno personal.
La influencer defendió que su perfil personal no funciona a demanda del público
En la parte final de su respuesta, Ruiz colocó el foco en algo que muchos creadores repiten cuando la audiencia intenta marcar el tono de cada publicación. Su perfil, vino a decir, no pertenece a quienes lo observan desde fuera.
"A la gente se le olvida que los perfiles no son lo que ellos quieren que sean, que detrás de los perfiles hay personas y que nosotros somos los que decidimos qué enseñamos, cómo lo enseñamos, de qué queremos hablar" - Sandra Ruiz, creadora de contenido
Esa defensa de la libertad editorial se completa con una idea igual de directa sobre la audiencia. Ruiz trasladó la decisión final a quien la sigue o deja de seguir, una forma de cerrar filas sobre el control de su propio relato.
La tensión no desaparece con esa frase, porque el origen del choque sigue ahí. Sandra Ruiz insiste en que comprar una casa no la aparta del debate sobre la vivienda, pero la discusión terminó girando menos sobre el problema habitacional que sobre quién tiene legitimidad para contarlo.