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Perder seguidores ya no siempre delata un tropiezo puntual. En las últimas dos semanas, varios de los nombres más visibles del escaparate digital español han empezado a retroceder a la vez, con caídas que van desde unos miles de cuentas hasta un golpe mucho más serio en comunidades que parecían blindadas.
El caso más llamativo lo firma RoRo Bueno, que ha dejado por el camino aproximadamente 96.000 seguidores en Instagram y más de 400.000 en TikTok en solo dos semanas. La magnitud del ajuste obliga a mirar más allá del dato fácil y preguntarse qué está cambiando en la forma en que la audiencia reparte su atención.
TikTok dejó de premiar solo a quien ya era grande
Parte de la explicación está en la propia lógica de TikTok, porque la plataforma ha desplazado su algoritmo desde un gráfico social hacia un gráfico de interés. Dicho de forma más simple, ya pesa menos quién te sigue y pesa más si una pieza concreta logra parecer relevante por sí misma.
Eso altera una ventaja que durante años sostuvo a muchos perfiles masivos. El contenido ahora circula según su relevancia intrínseca y no solo por el tamaño previo de la comunidad, algo que vuelve más frágil el colchón de las grandes cifras.
Mientras tanto, la corrección no afecta a un solo perfil. Natalia Palacios ha registrado un descenso de 22.000 seguidores en Instagram, Aida Domènech, conocida como Dulceida, acumula un saldo negativo de más de 4.600 usuarios en esa red y María Pombo ha perdido 2.500 en las últimas semanas.
Tampoco Lola Lolita escapa a ese enfriamiento, con 3.100 seguidores menos en el mismo periodo. Y Carlos García, alias Carliyo el Nervio, ha reducido su comunidad en unos 12.000 usuarios después de sus declaraciones sobre un eclipse reciente.
La audiencia cambió de hábito y empezó a buscar otra clase de perfil
No es solo una cuestión de algoritmo. También ha ganado visibilidad la desinfluenciación, un movimiento en el que algunos creadores cuestionan la necesidad de comprar productos virales que durante meses llegaron envueltos en promoción constante.
Ese giro tiene una lectura muy práctica para cualquiera que use redes a diario. Si antes el atractivo estaba en la recomendación aspiracional, ahora crece el interés por cuentas que explican, comparan o desmontan con más detalle lo que prometen esos productos.
Ahí encaja la migración hacia microcomunidades y perfiles de nicho. Divulgadores científicos, historiadores, artesanos y profesionales técnicos captan a una audiencia que parece menos dispuesta a quedarse solo con el escaparate y más interesada en utilidad, contexto y especialización.
Las pérdidas no son iguales, pero dibujan el mismo desgaste
Un descenso de 2.500 seguidores no pesa igual que otro de más de 400.000, pero todos esos movimientos apuntan en la misma dirección. La diferencia está en la escala, no en la señal que dejan.
RoRo Bueno concentra la caída más visible con más de 400.000 usuarios menos en TikTok y 96.000 menos en Instagram, aunque el retroceso también alcanza a figuras asentadas como Dulceida, María Pombo o Lola Lolita. Cuando el ajuste aparece en perfiles tan distintos, cuesta verlo como una anécdota.
La foto final resulta bastante concreta. Mientras las grandes cuentas pierden decenas de miles de seguidores o varios miles en pocas semanas, la atención se desplaza hacia comunidades más pequeñas y temáticas, justo en el momento en que TikTok decide que importa más el interés de cada vídeo que el peso histórico de quien lo publica.