Añadir The App Date como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Lo que empezó como una petición de cajas de dulces acabó en una forma de acoso tan concreta como aparatosa. El creador de contenido Veeramani publicó su dirección y su número de teléfono en redes sociales y, a partir de ahí, su casa empezó a recibir pedidos que él no había hecho.
No llegaron solo snacks ni bromas menores. A su domicilio fueron apareciendo frigoríficos, lavadoras, teléfonos inteligentes y televisores tramitados a través de Amazon y Flipkart, además de comida no solicitada.
La escena tiene algo de disparate digital llevado al mundo físico. Un gesto que en internet puede parecer una travesura dejó al destinatario frente a repartidores, códigos de verificación y paquetes de gran valor que alguien había puesto en marcha desde la distancia.
Un televisor de 169.000 rupias convirtió la broma en un problema real
Entre los envíos hubo aparatos con precios que ya no encajan en la categoría de simple gamberrada. Uno de los televisores enviados costaba 169.000 rupias indias, unos 1.600 euros, una cifra que ilustra hasta qué punto la presión salió de control.
También circularon capturas de pantalla de usuarios que afirmaban haber pedido maquinaria pesada, incluidas excavadoras y tanques militares valorados en millones de dólares. Aunque esas publicaciones empujaron todavía más el caos, el núcleo del problema ya estaba en la puerta de su casa.
Veeramani relató el alcance personal de esa situación en uno de los vídeos que subió a Instagram.
"Estoy sufriendo mucho después de pedir una caja de dulces. Me inclino a vuestros pies… Por favor, dejad de hacer pedidos. Estoy sometido a una presión enorme". - Veeramani, creador de contenido
Aquí apareció un freno muy concreto que evitó que muchas entregas llegaran a completarse. Veeramani no pudo facilitar los códigos de verificación de un solo uso que los repartidores exigían para entregar los pedidos.
Los códigos frenaron parte de las entregas, pero no el desgaste
Ese detalle cambia bastante la lectura del caso. No bastaba con que un seguidor lanzara un pedido contra reembolso y pusiera una dirección ajena, porque el último paso todavía exigía una validación que él no podía dar.
Aun así, el problema no desapareció. Cada intento de entrega seguía arrastrando llamadas, visitas, explicaciones y una exposición constante de su ubicación, justo el tipo de coste que no figura en ninguna factura pero pesa más que muchos paquetes.
Después, la situación escaló otro peldaño. En otro vídeo, Veeramani confirmó que había abandonado su vivienda y que estaba viajando para evitar que lo localizaran.
Salir de casa fue la única forma de cortar una cadena de pedidos
El caso deja una imagen muy poco abstracta del riesgo de publicar datos personales en redes. No hizo falta una filtración técnica ni un ataque complejo, porque bastó una dirección, un teléfono y la lógica del pago contra reembolso para convertir una publicación en una persecución doméstica.
Veeramani terminó fuera de su propia casa para esquivar entregas que nunca había pedido. Entre neveras, lavadoras, móviles, comida y un televisor de 169.000 rupias, la presión no se midió en likes sino en cuántas veces alguien podía presentarse en su puerta.