Quince días sin móvil no suenan a una hazaña imposible hasta que uno recuerda cómo funciona el gesto más automático del día. Jesús Villegas, youtuber, llegó a Formentera el 1 de mayo sin teléfono inteligente, sin redes sociales, sin música y sin vídeos, justo antes de cumplir 30 años, después de admitir que pasaba entre nueve y 12 horas diarias frente a la pantalla.
La frase con la que definió ese uso previo fue corta y bastante elocuente. Para él era "una absoluta barbaridad" después de pasar entre 9 y 12 horas diarias mirando la pantalla.
Antes de empezar, la clínica Ipsia de Madrid le practicó un electroencefalograma cuantificado. El resultado dibujó un cerebro con bajo voltaje, déficit de ondas alfa y exceso de ondas rápidas, una combinación que apuntaba a un estado de activación sostenida.
"Suprimió las ondas lentas e instaló un estado de activación rápida permanente. Es un equilibrio patológico estable mantenido conductualmente mientras continúe el estímulo, el patrón se perpetúa" - clínica Ipsia de Madrid
Villegas ya había puesto palabras a esa dificultad mucho antes de encerrarse con cuadernos, libros y mapas de papel. Jesús Villegas, youtuber, confesó a los profesionales de Ipsia que era incapaz de meditar o de dejar la mente en blanco.
El cuerpo tardó en entender que el scroll ya no estaba ahí
Arrancó el experimento con una cámara, varios cuadernos, libros, mapas de papel y un teléfono antiguo que dejó en un taxi. La escena tiene algo de símbolo práctico, porque no solo apartaba una app o una notificación, también cortaba la vía rápida para volver atrás.
Durante los primeros días apareció la parte menos romántica de la desconexión. Jesús Villegas, youtuber, contó que se había llevado la mano al bolsillo unas 50 veces para intentar scrollear de forma automática, además de sufrir dolor de cabeza, ansiedad, baja energía y hasta sueños con TikTok.
"Me he llevado la mano al bolsillo como 50 veces para intentar escrolear automáticamente sin ni siquiera pensarlo" - Jesús Villegas, youtuber
Fuera de esa rutina digital, el aislamiento no fue completo en un sentido social. En Formentera habló con turistas que le prestaron un ordenador para enviar sus vídeos, con una joven en una playa y con Vicente, un hombre de 95 años.
El segundo electroencefalograma mostró cambios, aunque no despejó todas las dudas
Quince días después, Ipsia repitió la prueba y encontró una reorganización de la actividad lenta. El segundo electroencefalograma mostró recuperación de ondas lentas entre 1 y 6 Hz y también una reducción del exceso de ondas high beta con los ojos abiertos.
Eso no convierte el caso en una prueba cerrada sobre el móvil por sí solo. La propia clínica recordó que durante esas dos semanas también se detuvo su actividad como influencer, bajó la presión por producir contenido y cambiaron sus rutinas de descanso y de contacto social.
Ipsia definió el caso como una observación clínica valiosa y motivadora, pero puso un freno importante. Habló de un caso único y sin grupo de control, un detalle clave cuando se intenta separar qué parte del cambio viene de la pantalla y cuál del descanso general.
Volver al móvil resultó más brusco que dejarlo
Al recuperar el gesto de hacer scroll, el análisis detectó un repunte de ondas high beta en zonas parietales y frontales. Dicho de forma menos técnica, el estímulo que antes formaba parte de su rutina volvió con una carga corporal distinta.
"Lo que antes apagaba el fuego, ahora lo enciende" - clínica Ipsia de Madrid
Luego llegó la reacción más física de todo el experimento. Jesús Villegas, youtuber, dijo que al volver a usar el móvil sintió angustia y ganas incluso de vomitar, una respuesta que choca con la idea habitual de que regresar al teléfono siempre trae alivio.
Después de esos 15 días, Villegas resumió la experiencia con una idea mucho más personal que técnica. Afirmó que había hecho muchas cosas y, sobre todo, que se había reencontrado consigo mismo, pero el dato más concreto siguió estando en otro sitio, en ese scroll final que disparó las ondas high beta justo cuando el móvil volvió a su mano.