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La escena mezcla dos mundos que hace tiempo dejaron de ir por separado. César Gastelum, influencer de 25 años, murió de un disparo en la cabeza en Culiacán mientras hacía una transmisión en directo en redes sociales. Su cuenta reunía 208.000 seguidores y algunos de sus vídeos sumaban millones de visualizaciones.
Detrás del asesinato aparece una línea que las autoridades mexicanas consideran central. Vinculan el crimen a los mensajes de apoyo que Gastelum difundía hacia una facción del Cartel de Sinaloa, una exposición pública que en este caso no quedó en gesto ni en estética digital.
La popularidad online acabó cruzándose con la guerra interna del cartel
Gastelum no solo publicaba para una audiencia amplia. También portaba joyas con las iniciales MZ, una referencia a Ismael El Mayo Zambada, fundador del cártel detenido en Estados Unidos, un detalle que en Sinaloa puede leerse como una toma de posición más que como un simple guiño.
Ahí entra la principal hipótesis oficial. Las autoridades barajan que Los Chapitos, hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, ordenaron el asesinato en medio del enfrentamiento que mantienen con los herederos de Mayo Zambada tras la captura de ambos líderes por la justicia estadounidense.
Dos años de fractura bastaron para convertir a los creadores en objetivo
Desde la división del Cartel de Sinaloa hace dos años, nueve creadores de contenido han sido asesinados o han desaparecido. La cifra retrata un cambio de fondo, porque la visibilidad que antes daba alcance y negocio también puede funcionar como marcador dentro de una disputa criminal.
En cinco de los casos de creadores asesinados en Sinaloa, las víctimas aparecieron muertas en Culiacán con signos de tortura y secuestro. El patrón empuja la lectura del caso de Gastelum hacia algo más amplio que un ataque aislado contra una figura conocida en redes.
La investigación también alcanzó el dinero que rodeaba su actividad
Además del móvil ligado a la guerra entre facciones, las autoridades investigan si Gastelum también participaba en redes de lavado de dinero. Esa línea añade otra capa a un caso donde la identidad digital, los símbolos de lealtad y la economía criminal aparecen demasiado cerca.
El dato más duro sigue siendo el que no necesita interpretación. En una cuenta con 208.000 seguidores y vídeos capaces de rozar audiencias masivas, la transmisión en directo terminó con un disparo en la cabeza en Culiacán y se sumó a una lista de nueve creadores asesinados o desaparecidos en solo dos años.