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Netflix ha decidido plantar cara a Francia en un terreno que afecta de lleno a su catálogo y a su bolsillo. La plataforma presentará, junto a otros servicios de streaming, una apelación formal ante el Consejo de Estado francés contra las nuevas directrices que desarrollan la Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual de la Unión Europea.
El choque no gira sobre si hay que invertir en producción local, porque esa obligación ya existe desde 2021. El problema aparece en la letra pequeña de las nuevas normas francesas, que fuerzan a destinar inversión a animación, documentales y espectáculos en vivo, con reglas que solo recaen sobre las plataformas.
Francia ya obliga a invertir y ahora quiere decidir también en qué géneros
Desde 2021, Francia exige a Netflix, Prime Video y Disney+ que destinen el 20% de sus ingresos locales a películas y series francesas y europeas. Para cualquier servicio global, eso ya marca una parte relevante de la cuenta de resultados en uno de los mercados más vigilados de Europa.
Ahora la discusión ha cambiado de nivel. Ya no se trata solo de cuánto dinero entra en la producción local, sino de quién decide en qué formatos debe gastarse y con qué equilibrio dentro de la oferta.
Pauline Dauvin, vicepresidenta de contenidos de Netflix en Francia, fijó ahí la línea roja de la compañía.
"En la práctica, duplican de forma abrupta nuestra inversión obligatoria en estos géneros, se aplican únicamente a los servicios de streaming e imponen una hoja de ruta editorial rígida que ignora lo que las audiencias realmente ven" - Pauline Dauvin, vicepresidenta de contenidos de Netflix en Francia
La queja de Netflix combina tres frentes a la vez. Habla de más gasto forzoso, de una norma asimétrica frente a las emisoras tradicionales y de una interferencia directa en la mezcla de contenidos que una plataforma puede financiar.
Dauvin sostiene además que Netflix ya cumple con obligaciones ligadas a la animación y a los documentales de creación, incluidas subcuotas para obras independientes y en lengua francesa. Su argumento es que el nuevo paso no amplía solo el apoyo cultural, sino que estrecha el margen para apostar por drama, comedia y formatos no guionizados.
Netflix recuerda que ya puso más de 250 millones al año sobre la mesa
La protesta llega, además, desde una posición incómoda para Francia si intenta presentar a la plataforma como un actor ausente. Netflix invierte más de 250 millones de euros al año en series, películas y documentales franceses, una cifra que por sí sola explica por qué la discusión no es menor.
Desde su llegada al país en 2014, la compañía ha producido más de 160 títulos locales. Ahí entran series y películas como Lupin, Sous la Seine, Tapie y Ad Vitam, junto con una aportación de más de 2.000 millones de euros a la economía creativa francesa.
Ese volumen ayuda a entender la tensión. Francia quiere proteger y repartir mejor la inversión cultural, mientras Netflix defiende que una obligación demasiado detallada puede terminar empujando justo lo contrario de lo que promete.
Otra vez fue Dauvin quien endureció el mensaje y lo llevó más allá del caso de una sola empresa.
"El impacto va mucho más allá de Netflix. Cuando se acumulan obligaciones cada vez mayores sobre un grupo de actores, los costos suben en todo el sistema, una parte creciente de la carga financiera recae sobre los servicios de streaming extranjeros y todos terminan con menos margen e incentivos para asumir riesgos creativos. En un mercado donde la inflación y los costos de producción ya están en alza, esa es la receta para un ecosistema frágil, menos apuestas audaces, más casillas por marcar para cumplir con las normas y una dependencia creciente de un puñado de servicios para sostener una carga insostenible" - Pauline Dauvin, vicepresidenta de contenidos de Netflix en Francia
La batalla no va solo de cultura y también va de quién asume el coste
Detrás del lenguaje regulatorio hay una pregunta muy concreta para cualquier usuario y para cualquier industria audiovisual. Si una plataforma pierde margen para decidir dónde pone el dinero, también pierde margen para diversificar catálogo, repartir riesgo y probar proyectos menos evidentes.
Netflix insiste en que las nuevas reglas solo aprietan a los servicios de streaming, mientras las cadenas tradicionales quedan fuera de ese mismo corsé. Ahí está una de las claves de la apelación, porque la empresa no discute solo la cuantía, también discute el reparto de cargas entre jugadores que compiten por la misma audiencia.
Francia ya obliga a dedicar el 20% de los ingresos locales a obra francesa y europea, pero el nuevo pulso arranca cuando esa obligación entra a decidir también cuánta animación, cuántos documentales y cuántos espectáculos en vivo deben ocupar el presupuesto.