Añadir The App Date como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
La muerte de Igho Tiny Ubiribo dejó una secuencia difícil de separar del escaparate público que acompañó su vida. El empresario británico de origen nigeriano, influencer de 43 años y rostro conocido en redes, falleció en marzo tras someterse a una intervención de alargamiento de pene en una clínica de Tailandia.
La investigación judicial la ha asumido el Tribunal Forense del Oeste Interior de Londres, que examina las circunstancias de un caso donde la causa directa ya está fijada. Una embolia pulmonar provocó la muerte tras la inyección de 40 mililitros de ácido hialurónico y lidocaína.
El caso llegó a Londres aunque la clínica tailandesa sigue sin nombre oficial
No ha trascendido la identidad de la clínica en la que se realizó la intervención. Ese vacío deja una de las tensiones centrales del caso, porque el procedimiento ocurrió en Tailandia pero el esclarecimiento formal de la muerte pasa ahora por un tribunal londinense.
Ubiribo reunía casi 200.000 seguidores en redes sociales y había construido una imagen pública muy ligada al dinero, el estilo de vida y la visibilidad. También poseía propiedades en Los Ángeles y Londres, dos ciudades que reforzaban ese perfil internacional.
Ahí aparece otra capa de la historia. La exposición digital y el patrimonio formaban parte del personaje público, pero el dato decisivo no está en el lujo ni en la audiencia, sino en una intervención estética cuyo desenlace fue mortal.
Su despedida mantuvo el tono de exhibición que marcó su vida pública
Antes de su muerte, Ubiribo ya había convertido algunos episodios personales en muestras de alto coste. Su ceremonia nupcial alcanzó cerca de 500.000 dólares, unos 465.000 euros, una cifra que encaja con la escala de vida que proyectaba hacia fuera.
También el funeral siguió esa misma lógica de exposición. En Londres acudieron personalidades del entretenimiento y los negocios, y el elemento más llamativo fue el ataúd elegido para el sepelio.
El féretro estaba bañado en oro y costó 650.000 euros, una cantidad equivalente a más de 700.000 dólares. Incluso frente a una boda de cerca de 500.000 dólares, la despedida terminó elevando aún más el listón del gasto visible.