Qaqaa Antar al Absi murió tras caer al cráter volcánico de Damt, en el sur de Yemen, durante una escalada que resume con crudeza el tipo de riesgo que lo había convertido en una figura popular en redes y en una atracción para quienes visitaban la zona.
Tenía 30 años, era influencer y escalador, y muchos lo conocían como el Spider-Man de Yemen. Ese apodo no salía de una campaña ni de una exageración fácil, sino de una costumbre muy concreta, la de subir paredes rocosas casi verticales y bajar a cráteres sin arnés ni equipo de seguridad.
El accidente ocurrió durante una exhibición ante turistas
La caída se produjo mientras hacía una demostración ante visitantes y turistas en el cráter de Damt, en la provincia de Al Dalea. Varias de las personas que lo acompañaban grabaron la escena en vídeo, de modo que el accidente quedó registrado en pleno descenso.
Aquí aparece una de las tensiones más duras de la historia. Lo que para los visitantes podía parecer una prueba de destreza al borde del abismo era también una actividad de la que obtenía dinero en forma de pequeñas propinas.
Según los testimonios recogidos en la zona, esas exhibiciones se habían convertido en una de sus principales fuentes de sustento. La imagen del creador de contenido y la del trabajador expuesto al peligro convivían en el mismo gesto.
Recuperar el cuerpo llevó casi 24 horas por el terreno extremo
Los equipos de rescate necesitaron cerca de 24 horas para recuperar el cuerpo. La operación se complicó por la orografía del lugar y por las temperaturas extremas de la zona.
Con unos 100 metros de profundidad, el cráter Damt no funciona como un simple mirador llamativo para excursionistas. Alberga aguas termales ricas en azufre y está considerado un volcán extinto, una combinación que añade dificultad física y presión ambiental a cualquier descenso.
Los equipos de emergencia tardaron cerca de 24 horas en completar la recuperación, un dato que da la medida del entorno incluso después de la caída. En lugares así, el rescate también entra en la lógica del riesgo.
Su fama digital convivía con un entorno que ya había causado otros accidentes
Más de 200.000 personas seguían sus publicaciones en redes sociales. Esa visibilidad lo había convertido en un rostro conocido por sus ascensos sobre roca y por sus descensos a cavidades sin protección, justo el tipo de maniobra que terminó costándole la vida.
No era un escenario aislado ni una pared cualquiera. Expertos advierten desde hace tiempo sobre el peligro de acercarse a las paredes rocosas del cráter por las altas temperaturas del subsuelo y por la dificultad del terreno.
Esos mismos factores han provocado varios accidentes a lo largo del tiempo. La paradoja final resulta difícil de esquivar, porque el lugar que alimentaba el asombro de turistas y seguidores también exigió casi un día entero para devolver el cuerpo de un hombre que había hecho de ese vacío su forma de ganarse la vida.