Un vídeo de TikTok protagonizado por Shannis ha vuelto a poner el foco en cómo ciertos contenidos virales pueden convertir un gesto cuestionable en algo aparentemente trivial, especialmente cuando se graban en espacios naturales protegidos como los de Lanzarote.
La escena que desató la polémica era simple y precisamente por eso resultó tan efectiva en redes la creadora de contenido aparecía guardando una piedra volcánica en su bolso mientras decía que se llevaba "un cacho de volcán" como recuerdo. El vídeo, difundido en TikTok, acumuló miles de visualizaciones en pocas horas y reabrió un debate que en Canarias no es nuevo el del turismo irresponsable y la falta de respeto hacia un entorno cuyo valor geológico y ambiental forma parte de la identidad de la isla.
"Me llevo de recuerdo un cacho de volcán" - Shannis, creadora de contenido
Cuando un vídeo viral convierte una mala idea en ejemplo
Más allá de si el gesto era real o una puesta en escena, la reacción se centró en el efecto que puede tener un contenido así cuando alcanza tanta difusión. Varios usuarios recordaron que retirar piedras, arena o cualquier material geológico de enclaves naturales puede acarrear sanciones económicas. Pero la crítica no se quedó solo en lo legal. Parte del malestar tiene que ver con la capacidad de estas publicaciones para normalizar conductas perjudiciales para el entorno.
En la práctica, ese es el problema de fondo. Un visitante puede ver el vídeo, interpretarlo como algo sin importancia y replicarlo en su propio viaje. En un paisaje como el de Lanzarote, donde el atractivo turístico está íntimamente ligado a su singularidad volcánica, la suma de pequeños gestos repetidos por miles de personas deja de ser anecdótica. De ahí que muchos mensajes en redes insistieran en el impacto de extraer piedras del paisaje insular y en cómo ese tipo de actos chocan con la necesidad de proteger un patrimonio natural especialmente sensible.
La aclaración no cerró la controversia
Tras la polémica, Shannis aseguró que en realidad no se llevó la piedra y que todo formaba parte de una broma para su canal. Según explicó después, dejó el material en su lugar. Esa aclaración, sin embargo, no bastó para rebajar la crítica. Parte de la comunidad digital siguió reclamando una rectificación más clara y, sobre todo, un mensaje de concienciación más explícito sobre la protección del patrimonio natural canario.
La razón es fácil de entender cuando el impacto inicial de un vídeo llega a miles de personas en pocas horas, la rectificación posterior no siempre tiene el mismo alcance ni corrige del todo la impresión generada. Si la primera imagen que circula es la de alguien llevándose una piedra volcánica como recuerdo, el daño simbólico ya está hecho, aunque después se diga que era una broma.
El caso además encaja en una secuencia que se repite desde hace años en el Archipiélago. En ese tiempo se han difundido varios vídeos de turistas recogiendo arena, rofe o piedras en distintos puntos de Lanzarote y Fuerteventura. Por eso esta polémica no se percibe como un episodio aislado, sino como otro ejemplo de una conducta que las administraciones llevan tiempo intentando frenar. Y también por eso el debate no gira solo en torno a una creadora o a un clip de TikTok, sino a la responsabilidad que acompaña a cualquier contenido capaz de influir en cómo otros visitantes se relacionan con un espacio natural protegido.