La compra de una casa de lujo por parte de Marta Peñate ha reabierto un debate incómodo cómo se exhibe vivienda aspiracional en un momento en el que acceder a un piso en España se ha vuelto casi imposible para buena parte de la población.
El caso no gira en torno a una aplicación ni a una herramienta digital, sino a la forma en que una publicación en redes sociales puede chocar con el contexto social en el que circula. En 2026, la situación de la vivienda en España se describe como crítica. En Madrid y Barcelona, el precio del metro cuadrado sigue marcando máximos históricos y muchos trabajadores destinan más del 50% de su sueldo al alquiler. Con ese telón de fondo, mostrar sin demasiado filtro una vivienda de alto nivel no se interpreta igual que hace unos años.
Una casa de gran tamaño en medio de una crisis de acceso
Marta Peñate enseñó hace apenas un día su nueva vivienda en vídeo. La casa se presenta como una propiedad de tres plantas con jardín con piscina, seis baños y tres dormitorios, uno de ellos con terraza, vestidor y baño en suite. No es solo una compra llamativa; es el contraste con la realidad de quienes apenas pueden pagar un alquiler lo que ha disparado la reacción.
Ese contraste aparece con claridad cuando se compara esta clase de operaciones con la situación de quienes viven en pisos pequeños en zonas como Lavapiés o El Raval. La distancia entre ambas realidades no necesita demasiada explicación mientras algunos perfiles públicos compran vivienda antes de los 30 años, una gran parte de los jóvenes ni siquiera contempla la posibilidad de ser propietaria, incluso con empleos bien pagados.
En ese mismo escaparate ya han aparecido otros nombres como Marina Rivers, Lola Lolita, Alba Díaz y Carlos Peguer. El patrón es evidente figuras con gran visibilidad pública convierten la compra de vivienda en contenido. Y ahí es donde el gesto deja de ser privado para convertirse en algo susceptible de crítica.
El problema no es enseñar una casa, sino cómo se recibe ese contenido
La respuesta más dura llegó de una seguidora, que resumió el malestar de forma directa
"Parece que os estáis riendo de la gente normal. ¿Sabéis cómo está la vivienda para que andes subiendo tu lista de favoritos? Por justicia social y vergüenza, esto no deberíais compartirlo" - seguidora de Marta Peñate
La crítica apunta menos a la compra en sí que al tono con el que se muestra. Publicar una "lista de favoritos" inmobiliaria puede parecer un contenido inofensivo dentro de una colaboración, pero en la práctica también puede leerse como una exhibición de opciones fuera del alcance de casi cualquiera. Cuando el centro de las grandes ciudades se ha vuelto prohibitivo por la falta de oferta y la presión turística, ese tipo de publicaciones deja de ser neutral.
Marta Peñate respondió defendiendo que no era una burla ni una provocación, sino una colaboración y una manera de enseñar las opciones entre las que dudó durante su búsqueda
"¿En serio crees que tengo yo la culpa? Subí mi lista de favoritos porque, primero, es una colaboración donde me pidieron que enseñara las casas que había ido guardando durante mi búsqueda. Segundo, porque quería mostrar las opciones por las que dudé… en ningún momento para faltar al respeto ni reírme de nadie. Ojalá todos tuvieran un sueldo más alto y vivieran más desahogados. Pero para eso habría que escribirles a los políticos; yo no soy la culpable" - Marta Peñate, influencer
Su argumento tiene una parte cierta la responsabilidad del problema de la vivienda no recae en una persona concreta por enseñar la casa que se ha comprado. Pero eso no elimina el efecto que puede producir ese contenido en quienes destinan más de la mitad de su salario al alquiler o ni siquiera pueden plantearse comprar. En redes, la intención y el impacto no siempre coinciden.
Al final, lo que este episodio deja claro es que la vivienda ya no funciona como un simple símbolo de éxito en internet. También es un termómetro social. Y cuando la distancia entre quien muestra una casa con piscina y quien sobrevive en un piso mínimo se vuelve tan grande, la reacción ya no es envidia ni admiración es rechazo.