Los influencers creados con IA pierden más del 60% de autenticidad percibida frente a los humanos

Marcas y plataformas impulsan influencers virtuales en Instagram y TikTok, pero un estudio con 320 usuarios detecta una fuerte caída en autenticidad y confianza, agravada cuando se oculta o revela que no hay una persona real detrás.

22 de junio de 2026 a las 18:07h
Los influencers creados con IA pierden más del 60% de autenticidad percibida frente a los humanos
Los influencers creados con IA pierden más del 60% de autenticidad percibida frente a los humanos

Un perfil atractivo, una vida imposible y una recomendación de compra que parece espontánea. Cada vez más marcas prueban esa fórmula con influencers creados por inteligencia artificial en Instagram y TikTok, a menudo sin avisar de que detrás no hay una persona, sino un personaje diseñado para vender.

El problema no se queda en la transparencia publicitaria. Cuando una cuenta simula cercanía, estilo de vida y criterio propio, pero en realidad forma parte de una campaña opaca, cambia la relación básica entre usuario, plataforma y marca.

Las marcas ganan control, pero el mensaje pierde credibilidad

Ahí está una de las paradojas más incómodas de este fenómeno. Un avatar permite ajustar cada imagen, cada frase y cada gesto con una precisión total, pero esa ventaja creativa no garantiza que el público lo reciba mejor.

Un estudio publicado en Journal of Marketing & Social Research con 320 usuarios encontró que los personajes generados por inteligencia artificial obtienen más de un 60 % menos de puntuación en autenticidad percibida y también reducen la confianza hacia la marca frente a los influencers humanos.

La caída no termina ahí. Cuando los participantes saben de forma explícita que el influencer es artificial, la confianza hacia la marca baja todavía más, una señal clara de que el realismo visual no resuelve el problema de fondo.

Ocultar que no hay una persona detrás agrava una práctica ya extendida

En algunas campañas, agencias y clientes llegan a usar acuerdos de confidencialidad para ocultar el empleo de herramientas de inteligencia artificial. Para el usuario, eso significa recibir una recomendación comercial sin poder identificar con claridad quién habla ni con qué grado de fabricación.

Lil Miquela ilustra bien hasta dónde ha llegado esta lógica comercial. La influencer virtual, creada en 2016, suma millones de seguidores y ha colaborado con marcas como Calvin Klein y Prada.

Su éxito muestra que el formato no es marginal, pero también deja una pregunta bastante terrenal. Si una marca necesita esconder que su prescriptora no existe, ¿qué valor tiene esa cercanía que intenta vender?

Las plataformas ponen etiquetas, aunque el rastro se rompe con facilidad

Instagram, TikTok y otras plataformas intentan identificar imágenes y vídeos generados con inteligencia artificial mediante etiquetas. El obstáculo aparece rápido cuando ese contenido se edita, se descarga o vuelve a circular fuera de los canales oficiales, porque esas marcas pueden desaparecer.

La advertencia no es menor. La Universidad de Cornell señala que las herramientas generativas están reduciendo drásticamente las barreras para crear contenido falso a gran escala, justo en un entorno donde copiar, recortar y redistribuir material lleva segundos.

Para el consumidor, esa fragilidad técnica tiene una consecuencia muy concreta. Distinguir entre una campaña publicitaria, una identidad ficticia y una recomendación aparentemente personal puede convertirse en un trabajo que casi nadie hará mientras navega.

El impacto no acaba en la compra y golpea también a los adolescentes

Más allá de la publicidad, estos perfiles empujan modelos de apariencia y de vida difíciles de aterrizar en la experiencia real. El Portal Europeo de la Juventud avisa de que muchos influencers virtuales proyectan estándares de belleza imposibles y rutinas aparentemente perfectas.

En adolescentes, el efecto puede ir mucho más allá de la frustración puntual. Los perfiles de inteligencia artificial afectan de forma negativa y rápida a la salud mental, justo porque combinan idealización visual, presencia constante y una sensación engañosa de normalidad.

La norma empezó a moverse, pero la práctica corre bastante más deprisa

A mediados de mayo de este año, los Estados miembros de la UE elaboraron las primeras normativas para el uso de la inteligencia artificial centradas en el etiquetado obligatorio y en la protección y salvaguarda de los derechos fundamentales.

El propio marco europeo admite una brecha clara entre la legislación y la experiencia práctica. El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial está dejando atrás las reglas justo cuando más falta hace saber si una cara, una voz o una recomendación comercial pertenecen a alguien real.

Ese desfase se entiende mejor al juntar dos datos. Las etiquetas pueden perderse fuera de los canales oficiales y, al mismo tiempo, los avatares generados por inteligencia artificial ya penalizan la autenticidad percibida en más de un 60 %, incluso antes de entrar en el terreno legal.

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