Los deepfakes ya cuestan 3.700 millones y no solo golpean a famosos: vacían la confianza de creadores

La suplantación con IA usa rostros y voces de celebridades y creadores medianos para vender productos, desviar tráfico y cobrar suscripciones falsas, mientras Meta y TikTok no logran frenar una ola que ya causa pérdidas multimillonarias.

15 de septiembre de 2026 a las 16:53h
Los deepfakes ya cuestan 3.700 millones y no solo golpean a famosos: vacían la confianza de creadores
Los deepfakes ya cuestan 3.700 millones y no solo golpean a famosos: vacían la confianza de creadores

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Ya no hace falta robar una foto y copiar un texto. Ahora basta con fabricar una versión digital de alguien reconocible, ponerle otra cara, otra voz y otro producto. Emily Schuman lo comprobó cuando vio su imagen alterada en Instagram para vender un medicamento GLP-1 de Gala.

El caso no quedó ahí. También encontró réplicas suyas promocionando Meroda Cosmetics en Instagram y vídeos generados por ordenador en TikTok que recomendaban análisis de sangre para Superpower. Para quien vive de su imagen, el problema no es solo reputacional. También afecta a la confianza básica de su comunidad.

"Es una violación directa de mi privacidad. Las imágenes se parecen a mí, pero distorsionadas" - Emily Schuman, creadora de Cupcakes and Cashmere

Lo incómodo es que este tipo de fraude ya no se limita a celebridades inalcanzables. Taylor Swift, Oprah Winfrey, Kim Kardashian y Tom Hanks han aparecido en manipulaciones con inteligencia artificial para promocionar productos, pero el golpe también alcanza a perfiles de tamaño medio que dependen de cada clic y cada suscripción.

Arielle Lorre, Jessi Caparella y Elaina St James figuran entre las víctimas de suplantación de identidad usadas para desviar tráfico o cobrar suscripciones falsas. Ahí aparece una diferencia clave. Una estrella global pierde control sobre su imagen pública, mientras que un creador mediano puede perder ingresos directos y relación con su audiencia.

Las plataformas prohíben estas prácticas, pero no consiguen frenarlas

Meta y TikTok vetan el uso de inteligencia artificial para usurpar identidades, aunque la moderación tropieza con un problema muy terrenal. La producción masiva de cuentas falsas supera la capacidad de respuesta y convierte la retirada de un anuncio en un juego de perseguir copias.

Surfshark calcula que los consumidores han perdido hasta 3.700 millones de dólares por estafas basadas en deepfakes, con cerca de la mitad del daño concentrado en plataformas sociales. Cuando el engaño aparece donde la gente ya descubre marcas, creadores y ofertas, el disfraz funciona mejor.

Tampoco ayuda el incentivo económico. Investigaciones periodísticas sitúan en torno a 16.000 millones de dólares los ingresos publicitarios que Meta obtuvo de estafas o promociones prohibidas, alrededor del 10% de su facturación en 2024.

A eso se suma otro dato difícil de ignorar. Reportes internos de Meta estiman que sus plataformas aparecen en un tercio de las estafas concretadas en Estados Unidos.

El negocio de los influencers virtuales creció mientras aumentó la confusión

Mientras las plataformas intentan distinguir lo auténtico de lo fabricado, el mercado empuja en la dirección contraria. Digital Applied cifra en 1.370 millones de dólares el negocio de los influencers virtuales generados con inteligencia artificial en 2026, cerca del 4% de la inversión global en marketing.

No toda esa inversión implica fraude, pero sí normaliza un entorno donde la imagen sintética ya forma parte de la publicidad cotidiana. Para el usuario, esa frontera borrosa importa más de lo que parece cuando un anuncio parece venir de una persona real a la que ya seguía.

También en los tribunales aparece esa fricción. Molly Tranchin, influencer de moda conocida como FashionVeggie, demandó a Eby por alterar con inteligencia artificial vídeos contractuales donde cubría su busto con los brazos. La causa tuvo que retirarse de forma temporal por una cuestión de jurisdicción para presentarse en otro fuero.

Hay una paradoja incómoda en todo esto. Las mismas redes que prohíben la suplantación concentran cerca de la mitad de las pérdidas atribuidas a deepfakes, y una sola plataforma aparece, según reportes internos, en un tercio de las estafas cerradas en Estados Unidos.

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