La escena tuvo algo de concentración juvenil y algo de fenómeno pop. El sábado por la tarde, en las proximidades de la plaza de Lima de Madrid, el Papa León XIV, también identificado como Prevost, reunió a jóvenes católicos en una vigilia que mezcló aplausos, consignas religiosas y comparaciones inesperadas con un concierto de Bad Bunny.
Sobre las 19:30 horas, el pontífice recorrió la calle central en el papamóvil entre gritos de “viva el Papa”. Ahí apareció una de las claves de la tarde, esa mezcla entre autoridad religiosa y tirón social que varios asistentes describieron con lenguaje propio de la cultura de internet y del entretenimiento.
Álvaro, Javi y Carlos, tres jóvenes en la veintena, hablaron de esa dimensión pública del acto.
"Da gusto ver la calle llena por la razón que es. Parece que muchas veces somos unos pocos en la sociedad, pero decir, me parece increíble que el Papa sea el mayor influencer en la sociedad actual" - Álvaro, Javi y Carlos, asistentes a la vigilia
La comparación no fue aislada. Un grupo de jóvenes que abandonó la cola de acceso quitó hierro a la salida prematura con una referencia muy reconocible para cualquiera que mida el éxito de un evento por sus paralelismos con la música en directo, al recordar que también hubo gente que se salió del concierto de Bad Bunny.
La vigilia reunió fe, pertenencia y una lectura generacional muy marcada
Pilar, de 23 años, y Pedro, de 25, pusieron palabras a ese impulso colectivo. Ella habló de todo lo que puede llegar a mover una cita así y él la describió como un momento emocionante capaz de tocar muchos corazones.
Pedro fue un paso más allá cuando defendió que a mucha gente se le está yendo el miedo de decir que es cristiana, salir a la calle y reivindicar sus valores y tradiciones. No apareció tanto un discurso defensivo como una voluntad de visibilidad pública.
Desde Granada llegó Javier, de 20 años, con una lectura más amplia del momento. Comparó a Francisco con León XIV y sostuvo que el pontífice actual afronta mejor este tipo de situaciones, además de vincular el tirón religioso entre jóvenes con el cansancio ante “lo de siempre” y con la cercanía de alguien al que percibe como normal.
También hubo espacio para una escucha más íntima. Dos mujeres cercanas a la treintena acudieron para oír el mensaje del Papa y una de ellas resumió la experiencia con una idea sencilla, que da paz escuchar qué tiene que decir y cómo quiere que vivan.
El mensaje sobre migración entró de lleno en una plaza con opiniones distintas
Durante el acto, León XIV dejó una de las frases más directas de la jornada al afirmar que a los migrantes hay que tratarlos como seres humanos, no como animales. La intervención colocó en primer plano un asunto delicado incluso entre asistentes que compartían espacio, pero no exactamente matices.
Una joven defendió que todos tienen los mismos derechos, aunque añadió que la libertad de uno empieza donde acaba la del otro y reclamó bienestar común y orden siempre que no afecte a las propias personas del país. Otra compañera del mismo grupo lo resumió con menos palabras y más cautela, al admitir que es complicado mientras se respete a las personas.
Muchos asistentes describieron una fe menos rígida y más pegada a la calle
Joaquín, Cristina y Jesús siguieron la vigilia desde fuera del recinto y aportaron otro ángulo. Hablaron de miradas que juzgan, precisamente cuando el Papa, a su juicio, insiste en que cada uno sea real, un ser humano de carne y hueso.
En su relato apareció una idea práctica y muy terrenal. Ir a una vigilia, defendieron, no convierte a nadie ni en mejor ni en peor persona, del mismo modo que creer en Dios o en la Iglesia no exige encajar en un prototipo.
Uno de ellos llevó esa normalización al terreno de la cultura popular con una comparación llamativa. Dijo que podría estar en el concierto de Bad Bunny igual que estaba allí, sin que eso cambiara su calidad moral, y vinculó el discurso del artista sobre el amor y Dios con el mensaje de Jesucristo.
León XIV despertó simpatías nuevas, pero Francisco siguió muy presente
No todos hablaron del actual pontífice de la misma manera ni por las mismas razones. Uno de los jóvenes del grupo de Álvaro, Javi y Carlos admitió que prefiere a este Papa porque le parece más carismático y porque encaja más con su sensibilidad, hasta el punto de bromear con que unas declaraciones sobre el Real Madrid terminaron de ganárselo.
La comparación con Francisco apareció varias veces y no siempre en la misma dirección. Javier sostuvo que Francisco también era muy buen Papa, aunque estas situaciones le venían un poco más grandes, mientras que el grupo de Joaquín, Cristina y Jesús recordó que el pontificado anterior ayudaba mucho más y que abrió un camino con la homosexualidad.
En paralelo, otro grupo de jóvenes habló de crisis profunda, de libertinaje y de una pérdida total del valor de la familia. Junto a esa crítica, denunciaron acoso a lo que representa la institución católica, a la familia tradicional y a la posibilidad de elegir la educación de los hijos.
Ahí estuvo una de las tensiones más visibles de la tarde. Mientras unos celebraban que ya no da tanto miedo reivindicar valores y tradiciones, otros insistían en que venir a la Iglesia no obliga a parecer un modelo concreto de creyente, una diferencia que convivió en la misma vigilia y en la misma calle.