La nueva ronda de sanciones de la Unión Europea no apunta solo a estructuras estatales o canales oficiales. También entra en el terreno más resbaladizo de la influencia digital, donde una creadora de contenido puede mezclar viajes, cultura y mensajes políticos hasta convertir el entretenimiento en propaganda. El 15 de junio el Consejo de la Unión Europea añadió a 34 personas y 47 entidades a su lista de sanciones.
Dentro de ese paquete figuran 10 personas y una entidad acusadas de difundir desinformación para justificar, promover o legitimar la guerra de Rusia contra Ucrania. La consecuencia práctica no es simbólica, porque implica congelación de activos y veta que ciudadanos y empresas de la UE les entreguen fondos o recursos financieros.
Bruselas puso el foco en perfiles que hablan como creadores y actúan como altavoces políticos
Ahí aparece Alexandra Jost, creadora de contenido y viajera rusoestadounidense. El Consejo de la Unión Europea sostiene que construyó una gran base de seguidores bajo apariencia de cobertura cultural mientras difundía propaganda proguerra y afín al Kremlin sobre Ucrania, además de respaldar al establishment político ruso y a sus fuerzas armadas.
El caso resulta especialmente llamativo porque no parte de una figura institucional clásica. Habla el lenguaje de las plataformas, usa el tono cercano del creador digital y, precisamente por eso, su alcance puede resultar más difícil de identificar para quien llega por vídeos de viajes o publicaciones de estilo de vida.
YouTube e Instagram ya habían cerrado sus cuentas en marzo de 2025 por difundir desinformación y apoyar las reclamaciones territoriales de Rusia sobre Ucrania y la invasión militar. No era un episodio aislado ni una polémica de un solo mensaje.
El Consejo citó un ejemplo muy concreto de esa narrativa cuando recordó una respuesta dirigida al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en la que Jost afirmó que Crimea es Rusia y que pronto toda Ucrania también lo sería.
"Incluyeron un motivo interesante para sancionarme, escribieron que respondí a Volodímir Zelenski en X y dije que Crimea es Rusia y que pronto toda Ucrania lo será también. Vale, ¿dónde está la mentira en eso? ¿Y qué tiene de malo?" - Alexandra Jost, creadora de contenido
Más allá de esa reacción, su actividad pública en X y Telegram dibuja un patrón bastante reconocible. En el cuarto aniversario de la invasión escribió que el conflicto ya no iba solo de Rusia contra Ucrania, sino del Bien contra el Mal, y lo presentó como una guerra física y espiritual.
El 26 de mayo volvió a esa línea con otro mensaje en X, esta vez sobre el sistema político ruso y ucraniano. Allí defendió que el presidente de Rusia sí fue elegido y cuestionó a Ucrania por no celebrar elecciones, aunque Ucrania mantiene la ley marcial y su Constitución prohíbe convocarlas mientras siga vigente.
La lista también alcanza a quienes organizan y amplifican ese mensaje
No solo cayó quien publica ante cámara. Maria Dudko, directora de la agencia de relaciones públicas rusa Limitless, fue sancionada el 15 de junio por gestionar a creadores occidentales que replican relatos del Kremlin.
Ese detalle cambia la lectura del caso porque desplaza la atención desde el influencer individual hacia la infraestructura que lo hace posible. La organización de Maria Dudko recibe financiación del Gobierno ruso a través de la Fundación Presidencial para Iniciativas Culturales, una entidad ya sancionada por operaciones de manipulación e injerencia en el extranjero.
En abril de 2025, Jost aseguró en Telegram que nunca había cobrado por hablar de su amor por Rusia y se definió como patriota. La UE, sin embargo, indica que elaboró contenidos mientras recibía pagos de TV Novosti, la entidad legal detrás de Russia Today, un medio sancionado por la propia Unión.
La sanción alcanza también al púlpito cuando el mensaje legitima la guerra
La lista del 15 de junio no se limita al universo de las plataformas. También incluye a Georgiy Shevkunov, obispo de la Iglesia Ortodoxa rusa conocido como Tikhon Shevkunov y descrito como confesor personal de Vladímir Putin.
Según el Consejo, Shevkunov difunde de forma sistemática desinformación alineada con el Kremlin, incluidas acusaciones de nazismo en Ucrania. Además, niega la soberanía ucraniana y justifica la invasión rusa como una acción necesaria, defensiva y respaldada por la voluntad divina.
Su papel no quedó restringido al discurso religioso. El Consejo añade que promovió y facilitó las acciones militares rusas mediante sermones, plataformas mediáticas, proyectos culturales financiados por el Estado y campañas directas de recaudación de fondos para tropas rusas en la Crimea ocupada.
Lo más revelador de esta tanda de sanciones quizá esté en la mezcla de perfiles. La UE colocó en la misma respuesta sancionadora a una creadora digital, a una gestora de relaciones públicas y a un obispo, tres canales distintos para un mismo mensaje sobre Ucrania.