La generación 1997-2007 resume su cambio de era: infancia sin celular, adolescencia frente a pantallas

Un creador define a los nacidos entre 1997 y 2007 como la última generación con infancia sin móvil y la primera cuya adolescencia quedó absorbida por pantallas; su propuesta no es prohibir, sino recuperar actividades y tiempo fuera del teléfono.

01 de noviembre de 2026 a las 13:34h
La generación 1997-2007 resume su cambio de era: infancia sin celular, adolescencia frente a pantallas
La generación 1997-2007 resume su cambio de era: infancia sin celular, adolescencia frente a pantallas

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Hay generaciones que no necesitan estadísticas para describir su vínculo con el móvil. Les basta una frase bien clavada en la experiencia cotidiana. Eso es lo que puso sobre la mesa un creador de contenido al hablar de quienes nacieron entre 1997 y 2007, un grupo que recuerda una infancia con menos pantallas y una adolescencia ya absorbida por ellas.

Su idea toca un nervio fácil de reconocer en cualquier casa. Muchos de esos jóvenes crecieron cuando el teléfono todavía no ocupaba cada minuto muerto del día, pero llegaron a la adolescencia justo cuando mirar una pantalla empezó a competir con casi todo lo demás.

"Somos la última generación que se acuerda de una infancia sin el celular y la primera que se pasó la adolescencia mirando una pantalla". - creador de contenido de una red social

La conversación no gira tanto en prohibir como en recuperar tiempo

Más que plantear una batalla moral contra el dispositivo, el mensaje apunta a algo bastante más concreto. El problema no sería solo el móvil, sino el vacío que llena cuando no hay nada más tirando de la atención.

Ahí aparece una idea útil para entender por qué tanta gente siente que pasa demasiado tiempo frente a la pantalla. No era fuerza de voluntad, era que había cosas mejores para hacer, viene a resumir el argumento cuando recuerda una infancia en la que el teléfono no monopolizaba el ocio.

"Pero si lo pensás, de chicos como que no teníamos que estar bloqueándonos nada, no usábamos el celular todo el tiempo porque teníamos cosas para hacer". - creador de contenido de una red social

La reflexión tiene un matiz práctico que suele faltar en muchas conversaciones sobre bienestar digital. En lugar de centrarlo todo en bloquear aplicaciones o imponerse disciplina, desplaza el foco hacia la rutina real, los planes y las experiencias que logran sacar al móvil del centro sin necesidad de convertirlo en enemigo.

Después remata con una idea igual de simple y bastante más difícil de aplicar en la vida diaria. Volver a tener cosas que apetezca hacer fuera de la pantalla suena evidente, pero también retrata hasta qué punto el teléfono ganó terreno en los huecos más pequeños del día.

"No es pelearte con el celular, es volver a tener cosas para hacer, experiencias para vivir, cosas que te hagan olvidarte del celular". - creador de contenido de una red social

Otro vídeo viral cambió de tema y acabó en una costumbre muy argentina

Mientras esa conversación giraba alrededor del uso del móvil, otra creadora viral llevó la atención a un choque cultural mucho más doméstico. Una joven canadiense explicó qué es lo que menos le gusta de vivir en Argentina y su respuesta no tuvo que ver ni con el idioma ni con la comida en sí.

Su desagrado se concentra en la merienda. No por los dulces habituales que la acompañan, sino por los horarios en los que cada país acostumbra a comer, un detalle pequeño sobre el papel y bastante decisivo cuando alguien cambia de rutina diaria.

La escena funciona precisamente porque baja la discusión a algo reconocible. A veces la diferencia no está en el plato, sino en la hora, y ahí una costumbre cotidiana puede resultar más difícil de encajar que el propio menú.

Entre una reflexión sobre el celular y una queja sobre la merienda aparece la misma tensión de fondo. La vida diaria cambia menos por grandes discursos que por hábitos concretos, desde cómo se ocupa una tarde hasta a qué hora toca sentarse a comer.

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