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Una emisión de TikTok que parecía rutinaria acabó en una agresión que Salama, un joven streamer saharaui, sitúa entre la noche del viernes y la madrugada del sábado en un restaurante de El Aaiún. La conversación giraba en ese momento sobre la Ley de Nacionalidad Española, los papeles y las opciones que tienen los saharauis.
Durante esa charla, Héctor Bujari Santorum precisó que el anteproyecto de la Ley de Nacionalidad Española afecta a nacidos antes de 1977 y que, en ese caso, beneficiaría a los padres de Salama y no a él directamente.
Salama relató que la agresión empezó en pleno directo
Fue entonces cuando, según su relato, se acercaron varias personas. Salama identificó al agresor principal como un miembro de un cuerpo parapolicial marroquí conocido como lameriqui y añadió que primero estaba solo, aunque después llegaron tres personas más.
"Estaba sentado con mis amigos en el restaurante, como cualquier otro día. Estaba haciendo un directo para TikTok, hablando de varios temas con normalidad, intercambiando mensajes con amigos. En ese momento, estaba hablando sobre la Ley de Nacionalidad Española, sobre los papeles y las opciones que tienen los saharauis. Y fue entonces cuando se acercaron". - Salama, joven streamer saharaui
Más tarde, Salama aseguró que recibió golpes tanto del lameriqui como de su compañero. También sostuvo que el acompañante le golpeó con más fuerza y le insultó más que el primero.
El episodio, tal y como lo describe, dejó consecuencias que van más allá del momento de la paliza. Salama afirmó que su vida cambió de un día para otro y que arrastra secuelas físicas y psicológicas, además de moretones, otras lesiones y daños en un ojo.
El relato personal choca con una vigilancia que ya condicionaba su vida
Lejos de presentarse como un activista, Salama marcó distancia con la política. Explicó que nunca ha mencionado sus ideas en público y que evita entrar en ese terreno porque entiende que sus posiciones van en contra de quienes ejercen el control.
"No, nunca he sido activista político. Nunca he mencionado mis ideas en público, ni me he metido en política. Y nunca menciono mis ideas porque sé que son en contra de ellos, así que siempre intento no meterme en el lado político. Prefiero mantener esa distancia". - Salama, joven streamer saharaui
Aun con esa cautela, describe su vida en El Aaiún con una mezcla de desgaste y expulsión. Dice que ya no siente que sea el mejor lugar para vivir y que permanecer allí forma parte de un desplazamiento forzado.
Ahí aparece otra grieta del relato. Salama confirmó que dos de sus hermanos ya tuvieron que marcharse y vincula esas salidas a una política sistemática de desplazamiento que, en su experiencia, favorece a unas personas y aparta a otras.
Las denuncias acumulan un dato que vuelve más áspero el caso
En el plano legal, Salama aseguró que ya presentó su denuncia ante la policía y también ante organizaciones de derechos humanos. El paso que queda pendiente, explicó, es llevarla ante la fiscalía.
El dato más llamativo no está en ese trámite, sino en el historial del presunto agresor. Salama sostiene que ya existían doce denuncias previas contra esa misma persona y que la suya es la decimotercera.
"Sé que hay otras doce personas que ya han denunciado a este mismo agresor antes que yo. Esta es la decimotercera denuncia contra él. Y las doce anteriores no sirvieron para nada". - Salama, joven streamer saharaui
Su lectura de la respuesta judicial es directa. Afirma que la justicia no tomó ninguna medida pese a esas denuncias y que, a pesar de todo, los señalados siguen con su vida normal.
Además, el responsable de la cafetería presenció la agresión y entregó todos los vídeos de los hechos. Ese detalle introduce una tensión incómoda, porque al testimonio personal se suma material grabado y aun así Salama habla de una cadena de trece denuncias sin efecto.
La entrevista también dejó silencios y una escena incómoda
Durante la conversación participó una joven saharaui como traductora, aunque mantuvo el anonimato. Al referirse a su posición en el conflicto, respondió con una frase breve y tajante y dijo que ella es española.
"No sé, yo soy española". - Traductora saharaui que participó en la entrevista
En varios momentos, esa misma traductora interrumpió a Salama para frenar algunas respuestas. La indicación fue literal y repetida, con un "No comentes" que apareció en medio de preguntas sensibles.
También en el terreno cotidiano emerge una presión muy concreta. Salama lo resume en el trabajo, porque sostiene que quien no depende de las oportunidades que ofrece Marruecos puede salir adelante, pero quien sí depende de ellas tiene la pobreza prácticamente garantizada.
Entre los golpes denunciados, los vídeos entregados por el responsable de la cafetería y esas doce denuncias previas que, según Salama, no cambiaron nada, el caso queda fijado en una cifra difícil de esquivar. La suya sería la denuncia número 13 contra el mismo agresor.