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Ibiza vuelve a chocar con una pregunta incómoda para cualquier destino turístico que vive de su imagen y de sus precios. Javier Tudela, influencer de viajes con más de 130.000 seguidores en Instagram, la ha formulado desde una experiencia familiar que mezcla comodidad, gasto alto y una sensación clara de distancia con la isla que buscaba.
Tras viajar con su esposa, la influencer Marina Romero, y con sus hijos Javier y Bianca, Tudela resumió su balance con una nota media tirando a baja. Si tengo que valorar la isla tal y como la he experimentado esta vez, le pondría un 5, escribió al compartir su impresión.
"Si tengo que valorar la isla tal y como la he experimentado esta vez, le pondría un 5" - Javier Tudela, influencer de viajes
La puntuación llama más la atención porque no parte de una mala estancia en el alojamiento. Tudela explicó que el hotel elegido merecía un 10 sobre 10, pero situó el problema fuera de la habitación, en el coste de algo tan cotidiano como pedir una cerveza en la terraza de un puerto.
Allí, ese consumo puede moverse entre 12 y 15 euros. Para un visitante que viaja en familia, ese detalle no funciona como anécdota, porque convierte cualquier parada sencilla en una cuenta que pesa más de lo esperado.
Tudela buscaba otra Ibiza y la describió sin rodeos
Más que una queja aislada sobre el precio, su mensaje dibuja una decepción con el modelo de experiencia que gana espacio en la isla. No habla de falta de oferta, sino de una oferta demasiado orientada a la exhibición y al turismo de lujo.
"No quiero la Ibiza de las botellas y las mesas VIP. Quiero la Ibiza auténtica, la de los mercados, Dalt Vila, los restaurantes tradicionales, aquella en la que puedes sentarte con tus hijos en una plaza y disfrutar del momento sin sentir que todo está diseñado para el turismo de lujo" - Javier Tudela, influencer de viajes
Esa idea conecta con una tensión muy reconocible en destinos muy fotografiados. Una cosa es vender una postal aspiracional y otra muy distinta lograr que quien llega con niños encuentre espacio, tiempo y precios para vivir el lugar sin sentirse expulsado por el escaparate.
No fue la única voz en esa dirección. Una seguidora coincidió con Tudela al mencionar Benirràs, Cala d’Hort y es Vedrà, y resumió el problema con una frase seca, que en Ibiza necesitas dinero, tras citar entradas generales de algunas discotecas que pueden llegar a 300 euros.
También apareció la Ibiza que no entra en el circuito del lujo
Frente a esa visión, una usuaria identificada como ibicenca defendió que reducir la isla a clubes de playa, zonas VIP y yates deja fuera una parte importante del mapa real. Su respuesta introduce una discusión interesante, porque no niega el lujo, pero sí cuestiona que sea la única puerta de entrada.
"Los clubes de playa, las discotecas, las zonas VIP y los yates también existen, sí, pero no son lo único que tenemos. Solo hay que mirar más allá de las redes sociales para encontrarlo" - usuaria ibicenca
Después recomendó Santa Eulària, Sant Joan, Bar Anita, Santa Gertrudis y Dalt Vila como ejemplos de una Ibiza menos obvia. Ahí aparece otro matiz práctico, ya que el problema quizá no sea solo cuánto cuesta la isla, sino qué isla termina consumiendo el visitante cuando viaja guiado por la imagen más visible.
Tudela cerró su reflexión con una advertencia que va más allá de una mala cuenta en una terraza. Cuando un destino deja de ser accesible para la mayoría, también corre el riesgo de perder parte de lo que lo hacía especial, escribió después de poner sobre la mesa una cerveza de 12 o 15 euros y entradas de discoteca que pueden alcanzar 300.