Japón estudia castigar por primera vez a clientes sexuales mientras Kabukicho se viraliza en directos

Un borrador del Ministerio de Justicia plantea reformar este otoño la ley de 1956 para sancionar a clientes de servicios sexuales, en medio de la polémica por un directo de Aruberto Makoto en Kabukicho.

28 de agosto de 2026 a las 14:42h
Japón estudia castigar por primera vez a clientes sexuales mientras Kabukicho se viraliza en directos
Japón estudia castigar por primera vez a clientes sexuales mientras Kabukicho se viraliza en directos

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Kabukicho ha vuelto a quedar bajo el foco por una escena que mezcla turismo, redes sociales y vacío legal. Alberto Alonso, streamer conocido como Aruberto Makoto, lanzó en directo la frase “¿Te la quieres follar? Esta es gratis” mientras emitía desde ese distrito de Tokio.

El episodio no quedó solo en la indignación online. Una fuente consular de la Embajada española en Japón confirmó que respondió directamente en X a varias personas que pidieron medidas contra el creador de contenido.

Japón quiere castigar a los clientes y Kabukicho aparece en el centro del debate

El movimiento político llegó el pasado lunes, cuando el Ministerio de Justicia japonés presentó un borrador de informe para estudiar castigos específicos dirigidos a los clientes de servicios sexuales. La intención pasa por llevar este otoño una enmienda de la Ley para la Prevención de la Prostitución de 1956.

Ahí aparece una de las tensiones de fondo. Mientras los vídeos y directos convierten ciertos rincones de Tokio en escaparate global, la discusión jurídica apunta justo a quienes hasta ahora quedaban fuera del golpe principal.

Hidemori Gen, fundador de la asociación Seiboren, sitúa el problema en una calle cada vez más internacionalizada.

"Hay una mezcla de curiosos —gente de Australia, México, Brasil, etcétera— y se ve una gran diversidad de personas negociando mediante aplicaciones de traducción en sus teléfonos. También los traen guías extranjeros; guías que hablan japonés con fluidez se acercan a ellos mientras están de copas" - Hidemori Gen, fundador de Seiboren

La imagen resulta muy concreta para cualquiera que piense en cómo ha cambiado el turismo urbano con el móvil en la mano. Ya no hace falta entender el idioma ni conocer el barrio de antemano cuando una app traduce, un guía acompaña y un directo convierte la zona en destino.

Gen también describe un margen de actuación muy amplio para los visitantes extranjeros. A su juicio, los agentes de Policía rara vez los detienen para interrogarlos en esa zona, lo que alimenta una sensación de libertad casi total.

"Parece que por fin hemos llegado a ese punto. Hasta ahora los hombres involucrados en la prostitución salían indemnes; a lo sumo, se les interrogaba como testigos. Las infracciones solían centrarse en facilitar el local o actuar como intermediario, por lo que a los participantes directos simplemente se les enviaba a casa sin sanción" - Hidemori Gen, fundador de Seiboren

Durante años, los participantes directos podían marcharse a casa sin sanción, aunque otras conductas alrededor del negocio sí entraran en el radar penal. Para el usuario que mira esto desde fuera, la consecuencia práctica es fácil de entender. Había exposición pública, había actividad visible y aun así el comprador apenas asumía riesgo.

Las redes sociales amplificaron una escena que ya no depende solo del barrio

Arata Sakamoto, director de la ONG Rescue Hub, vincula el aumento del fenómeno con dos motores muy reconocibles para cualquier lector. Por un lado menciona la debilidad del yen y por otro la difusión de información a través de redes sociales y medios de comunicación.

"Creo que está aumentando. Considero que la debilidad del yen es un factor que contribuye, pero también creo que la difusión de información a través de las redes sociales y los medios de comunicación es una de las razones" - Arata Sakamoto, director de Rescue Hub

No es un detalle menor. Cuando un barrio se vuelve contenido, recomendación y curiosidad viral al mismo tiempo, el acceso deja de depender del boca a boca y pasa a circular por pantallas que empujan a probar, grabar y compartir.

Sakamoto añade otra capa mucho más dura. Sostiene que algunos compradores aprovechan su impunidad para explotar aún más a quienes venden sexo y que los autores de abusos operan con la idea de que las mujeres no acudirán a la Policía por miedo a ser arrestadas.

"Algunos compradores se aprovechan de su impunidad para explotar aún más a quienes venden sexo" - Arata Sakamoto, director de Rescue Hub

La impunidad del cliente no solo afecta a la calle, también altera la posibilidad de denunciar. Si quien sufre el abuso cree que pedir ayuda puede volverse en su contra, la barrera no es tecnológica ni cultural, sino inmediata y muy concreta.

La reforma apunta al comprador mientras la crítica ya no cabe en una sola anécdota

Sakamoto no plantea únicamente castigo. Su propuesta une sanciones para quienes compran sexo con un refuerzo del apoyo concreto a las mujeres obligadas a prostituirse, una combinación que desplaza la discusión desde el escándalo puntual hacia la estructura que lo sostiene.

"Para reducir la prostitución en sí misma, es necesario introducir sanciones para quienes compran sexo y, al mismo tiempo, mejorar el apoyo concreto a las mujeres obligadas a prostituirse" - Arata Sakamoto, director de Rescue Hub

Entre el directo de Aruberto Makoto en Kabukicho, las respuestas de la Embajada española en Japón a quienes reclamaron actuación y el borrador que revisa una ley de 1956, la contradicción queda expuesta con pocos rodeos. Un móvil puede convertir la escena en espectáculo al instante, pero la discusión pública termina volviendo a algo mucho menos nuevo, que es quién paga, quién queda expuesto y quién sale de allí sin sanción.

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