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Empieza como un vídeo de maquillaje, una anécdota ligera y una recomendación de productos. Termina, en muchos casos, como la puerta de entrada a una maquinaria que busca captar a menores para convertirlas en creadoras dentro de plataformas de contenido para adultos.
La fórmula de Prepárate conmigo se apoya en una escena cotidiana y reconocible para cualquier usuaria de redes. Mientras una creadora se arregla frente a la cámara, habla con cercanía y baja las defensas del público. Ahí es donde el formato deja de ser inocente.
Detrás del maquillaje aparece un negocio que mueve a chicas hacia el porno
Buena parte de ese circuito se presenta con estética de vida aspiracional. Una mansión en Florida reúne a siete jóvenes que conviven para grabar y vender contenido sexual explícito sin restricciones, con una cuenta que supera el medio millón de seguidores.
Alrededor de esa casa, el alcance individual multiplica el efecto llamada. Sus habitantes suman entre 1,2 millones y casi siete millones de suscriptores cada una, una escala suficiente para convertir la exposición diaria en reclamo comercial.
El truco no solo está en la puesta en escena. También pasa por el lenguaje, porque estos entramados esquivan las restricciones sobre contenido sexual con términos como salchicha, nepe, actrices de colchón o maíz.
La promesa del dinero rápido funciona mejor cuando llega pronto
Una joven que vendió pornografía durante tres años y medio describe un patrón que se repite con facilidad entre perfiles jóvenes. Primero llega el crecimiento veloz de la cuenta y después la sensación de que el salto económico compensa cualquier incomodidad inicial.
"En un mes ya tenía 30.000 seguidores y recibía muchos mensajes sugerentes de hombres." - una joven que vendió pornografía
Ese primer empujón no tarda en traducirse en cifras. En sus primeras seis semanas cobró 3.000 libras, casi 3.500 euros, una cantidad que ella misma comparó con los ingresos habituales de su entorno familiar.
Más tarde, empezó a ganar entre 10.000 y 15.000 libras al mes de forma regular. En su mejor mes llegó a una franja de entre 25.000 y 30.000 libras, entre 29.000 y 34.000 euros.
La fuerza de ese relato resulta evidente porque mezcla validación social, atención masculina y dinero rápido. Para una chica joven, ver que la cuenta sube y que el primer cheque llega en semanas puede pesar más que cualquier advertencia abstracta.
"Parte del truco es que te hacen creer que publicar vídeos pornográficos es, de alguna manera, empoderador." - una joven que vendió pornografía
El escaparate enseña coches y mansiones, pero las cuentas no siempre salen
No todas cobran esas cantidades, ni mucho menos. La misma joven avisó de que quienes están arriba pueden ganar una fortuna, pero situó los ingresos medios entre 80 y 120 libras al mes.
Ahí aparece una de las grandes grietas del relato comercial. El sistema vende una vida de lujo, aunque las mansiones y los deportivos son en su mayoría alquilados, no comprados, según su propio testimonio.
Ese decorado cumple una función sencilla y muy efectiva. Si el dinero parece inmediato y la vida en pantalla parece resuelta, la actividad deja de percibirse como una apuesta arriesgada y empieza a parecer una salida rápida.
También hay intermediarios que convierten la exposición en una comisión fija
En ese engranaje aparecen figuras que monetizan el trabajo ajeno desde la trastienda. Markuss Hussle, de 27 años y nombre real Markuss Kohs, se queda con la mitad de los beneficios de las mujeres a cambio de gestionar sus cuentas y chatear con los clientes.
Su negocio no termina ahí. Markuss Kohs también vende formación para convertirse en comisionista de contenido pornográfico y cobra más de 7.000 euros por ese acceso.
Por otra vía, Amadeo Llados comercializa cursos digitales y asesorías financieras con precios entre 1.800 y 10.000 euros. Son cifras que muestran hasta qué punto la promesa de enriquecimiento rápido genera negocios paralelos alrededor de la exposición personal.
Salir del circuito no borra lo que internet ya aprendió a mostrar
Cuando la joven cerró su página y borró sus redes sociales, el rastro no desapareció con ella. Contó que, aunque todo lo que publicaba era de pago, en pocos meses el buscador ya mostraba sus vídeos junto a su nombre.
No hay nada que pueda hacer para eliminarlos, lamentó, antes de añadir que ahora esa huella le produce rechazo. Esa parte del negocio pesa menos en los vídeos de captación, pero para quien entra puede acabar siendo la más difícil de revertir.
Después de tres años y medio en esa actividad, su mensaje ya no giró alrededor del dinero ni de los seguidores. Lo resumió de la forma más cruda cuando pidió que cualquier chica que piense en abrirse una cuenta escuche su historia porque, dijo, todo es mentira.