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La temporada de festivales se cierra con una discusión incómoda y muy concreta. Fito Robles, vocalista de Siloé, puso el foco el 12 de septiembre en un punto que rara vez ocupa el centro del escenario, el uso indebido de las plataformas reservadas para personas con movilidad reducida.
Su denuncia llegó tras la actuación de la banda en San Sebastián de los Reyes y apunta a una escena que, contada así, resulta difícil de justificar en cualquier recinto que presuma de experiencia para el público.
"Me toca mucho ver cómo colocan a influencers y a gente que ni siquiera paga la entrada delante de las personas con discapacidad" - Fito Robles, vocalista de Siloé
Robles no sitúa el problema en los artistas, sino en la organización de cada evento, que decide dónde van esas zonas y hasta qué punto las protege. Ahí es donde, a su juicio, aparece el margen real de decisión y también la responsabilidad cuando el espacio reservado pierde su función.
Detrás de esa queja hay una lectura muy terrenal. El cantante vincula estas decisiones con un cálculo económico porque cada metro cuadrado dedicado a accesibilidad equivale a entradas que dejan de venderse, una lógica de aforo que termina chocando con el derecho de acceso en condiciones dignas.
Fito Robles cuestiona un modelo que mide el espacio como venta potencial
No habla de un fallo aislado, sino de una práctica que aparece en distintos conciertos. Cuando la accesibilidad entra en la hoja de gastos antes que en el plano de uso real, la plataforma deja de ser una solución y pasa a convertirse en otro punto de conflicto dentro del recinto.
"Que en España se hagan tantos festivales y que la accesibilidad no se haga bien es para mirárselo" - Fito Robles, vocalista de Siloé
La crítica gana peso porque llega justo al final de la campaña de festivales. Es el momento en que los promotores cierran presupuestos y reparten espacios para la siguiente temporada, así que la discusión ya no va solo de lo ocurrido este verano, sino de qué prioridades entran de verdad en el plano del próximo.
Tampoco todo queda reducido a una enmienda general. Robles reconoce diferencias entre eventos y cita dos ejemplos en España que sí han trabajado esta parte con continuidad, Cooltural Fest, planteado con la accesibilidad desde su diseño original, y Festival SAL, que ha ido sumando medidas edición tras edición.
Algunos festivales sí incorporaron medidas desde el diseño o las ampliaron cada año
Esa comparación importa porque evita meter a todo el circuito en el mismo saco. Si hay festivales que integran estas soluciones desde el principio o las corrigen con cada edición, el problema deja de parecer inevitable y pasa a parecer una elección de gestión.
También ha contribuido a visibilizarlo Laura Diepstraten, creadora de contenido que ha enseñado las medidas de accesibilidad de un festival para mostrar cómo funcionan en la práctica para las personas con discapacidad. En un entorno tan dado a vender experiencia, enseñar el recorrido real dice mucho más que cualquier cartel.
"Me da igual que se piense que lo hacemos por buscar foco. Mientras ayude a que esto se vea, ya está hecho. Luchamos en cada concierto hasta donde nos dejan, aunque muchas veces nos encontramos con muchas trabas" - Fito Robles, vocalista de Siloé
La fricción está ahí y no parece menor. El debate llega justo cuando los promotores cierran presupuestos y deciden la distribución de espacios para el año siguiente, de modo que cada metro reservado o recortado deja de ser un detalle técnico y se convierte en una decisión visible para quien necesita ese lugar.