La lluvia cayó con fuerza aquella noche en Sant Antoni de Portmany. Nuria Escalante y su acompañante buscaron refugio.
Era el 31 de octubre de 2018. La mujer de 52 años, natural de Alicante, entró en un hotel abandonado junto a un hombre polaco identificado como S.W. Nuria nunca más salió del edificio, según relatan las crónicas del caso. Su teléfono móvil dejó de emitir señal justo a medianoche.
Las cámaras captaron una salida sospechosa
Entre las 22:00 y las 23:00 horas, los sistemas de seguridad registraron a S.W. abandonando el inmueble en solitario. Empujaba un carrito de supermercado que contenía un bulto cubierto con plástico. El hombre declaró posteriormente que transportaba un motor de barca, pero esta explicación no convenció a los investigadores.
"Según las pesquisas, el volumen y la forma del objeto podían ser compatibles con el cuerpo de una persona" - @melpermel, creadora de contenido
Los hijos de la desaparecida presentaron la denuncia dos días después. Descartaron desde el inicio que su madre se hubiera marchado de forma voluntaria. La investigación inicial barajó varias hipótesis, pero los agentes cambiaron el enfoque con el paso del tiempo.
La Guardia Civil detuvo a cinco sospechosos
A finales de noviembre de 2018, los agentes arrestaron a cinco hombres vinculados al entorno marginal de la zona. El registro de la vivienda de uno de ellos arrojó resultados contundentes. Allí hallaron ropa y objetos personales pertenecientes a Nuria.
Además, se comprobó que uno de los detenidos borró su historial de WhatsApp durante los días clave de la desaparición. A pesar de estos indicios, las autoridades realizaron búsquedas exhaustivas en pozos, fosas sépticas, torrentes y el vertedero de Ca na Putxa sin éxito.
No se localizó el cuerpo. Las pruebas resultaron insuficientes para condenar a nadie, por lo que los sospechosos quedaron en libertad y el caso se paralizó. Han pasado más de siete años y la incógnita sobre el paradero de Nuria Escalante permanece intacta.