El Rubius, 36 años: jugar de adulto no es inmaduro si ya cumpliste con tus responsabilidades

El creador defiende que jugar a videojuegos en la adultez no implica inmadurez, cuestiona la doble vara frente a otros ocios y recuerda que gran parte del público ya tiene 20, 25 o más años.

17 de junio de 2026 a las 11:36h
El Rubius, 36 años: jugar de adulto no es inmaduro si ya cumpliste con tus responsabilidades
El Rubius, 36 años: jugar de adulto no es inmaduro si ya cumpliste con tus responsabilidades

Durante años, jugar a videojuegos cargó con una etiqueta difícil de quitar. El Rubius, creador de contenido de 36 años, volvió a poner ese prejuicio sobre la mesa en un directo reciente en Twitch, donde defendió que seguir jugando de adulto no tiene nada que ver con la inmadurez.

Su argumento apunta menos al videojuego y más a la doble vara de medir que todavía arrastra este ocio. Mientras a nadie le sorprende que un adulto pase horas viendo una serie, una película o cierto tipo de televisión, el mando sigue despertando en algunos casos una sospecha que otros entretenimientos ya dejaron atrás.

"Me hace mucha gracia cuando la gente dice que debería madurar y dejar a jugar a videojuegos" - El Rubius, creador de contenido

Ahí aparece una de las ideas más interesantes de su intervención. No discute solo una crítica personal, sino una forma bastante extendida de entender el ocio adulto, donde leer un libro parece más aceptable que encender la consola aunque ambas cosas ocupen el mismo espacio de tiempo libre.

El malagueño fue más lejos cuando planteó que jugar es un tipo de entretenimiento que puede equipararse a leer un libro o ver una película. En su visión, además, obliga a mantener el cerebro algo activo, una forma de participación que no siempre existe en otros consumos mucho más pasivos.

El estigma sigue vivo aunque el jugador ya no sea un niño

Buena parte de su defensa gira alrededor de un desfase bastante visible entre la imagen popular del videojuego y el perfil real de quien juega. El Rubius sostiene que el grupo más amplio entre los jugadores lo forman personas de 20, 25 o más años.

Esa observación cambia bastante el marco del debate. Si el público principal ya no es infantil, mantener la idea de que jugar pertenece solo a la niñez suena menos a descripción y más a costumbre cultural que ha envejecido peor que la propia industria.

También introdujo un matiz generacional cuando señaló que muchos niños se inclinan cada vez más por juegos de móvil o propuestas como Roblox. La comparación le sirve para desmontar la idea de que cualquier videojuego responde al mismo tipo de público o a la misma experiencia.

De hecho, llegó a poner un ejemplo muy concreto al recordar que no es habitual ver a un niño jugando a The Last of Us 2. La referencia no habla solo de edades, también de cómo el videojuego abarca obras, tonos y audiencias muy distintas entre sí.

Jugar de adulto encaja cuando las obligaciones ya están hechas

No toda su defensa descansa en el gusto personal. El creador plantea una condición bastante directa y fácil de entender fuera de internet, y es que un adulto cumpla con sus responsabilidades y tareas antes de dedicar su tiempo de ocio a lo que quiera.

Desde esa lógica, el problema no sería jugar, sino descuidar lo demás. Si una persona ya ha cumplido con todas sus responsabilidades y tareas, nadie debería recriminarle que juegue en su tiempo libre, que es justo el punto donde sitúa la discusión.

"Sería estúpido por mi parte dejarlo teniendo en cuenta que me encanta lo que hago. Eso sí que sería inmaduro" - El Rubius, creador de contenido

La frase encaja con su propia trayectoria. Tras más de 15 años de carrera profesional, los videojuegos siguen siendo el centro de su contenido, no como una costumbre arrastrada por inercia, sino como la parte del trabajo que todavía reivindica como algo que disfruta.

Tampoco esquivó el privilegio que implica poder vivir de ello. El propio Rubius afirmó que es muy consciente de su situación y de la suerte que ha tenido al dedicarse a este ámbito, un reconocimiento que rebaja cualquier lectura triunfalista de sus palabras.

El prejuicio se parece al que vivieron antes los fans de superhéroes

Para explicar ese choque cultural, recurrió a una comparación bastante reconocible. Recordó el rechazo social que durante años rodeó a los aficionados a los superhéroes, antes de que franquicias como Los Vengadores llevaran ese gusto al centro de la cultura popular.

La analogía funciona porque describe el mismo mecanismo. Primero llega la burla hacia una afición considerada menor, después aparece su normalización masiva, y en medio quedan quienes la mantuvieron cuando todavía no resultaba del todo presentable en una conversación corriente.

Ahora bien, él mismo admite que ese cambio no ha borrado del todo la vieja mirada. La gente sigue teniendo esa mentalidad aunque en su entorno cercano y en su pareja lo vea completamente normalizado, una contradicción que explica por qué el debate reaparece una y otra vez.

Al final, la escena tiene algo bastante cotidiano. Un creador de 36 años que lleva más de 15 dedicándose a los videojuegos todavía siente la necesidad de justificar que jugar en su rato libre no le hace menos adulto, justo cuando sostiene que el grueso del público ya tiene 20, 25 o más años.

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