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Algo se ha roto entre parte del público joven y ciertos creadores de contenido. No tiene que ver solo con el cansancio ante los vídeos de rutinas perfectas, sino con una sensación más áspera de distancia social, de vidas que ya no resultan creíbles ni aspiracionales.
Julia, joven consumidora, pone esa fractura en palabras cuando describe un modelo de contenido que ya no encaja con quien lo mira.
"Están desarrollando una forma de vida con la que la gente ya no se siente reflejada. Hemos llegado a un límite en el que la gente no quiere seguir viendo vídeos y vidas idealizadas". - Julia, joven consumidora
Las críticas apuntan sobre todo a formatos muy visibles, entre ellos los vídeos sobre rutinas de preparación personal y los diarios de un día completo. La objeción no gira alrededor del formato en sí, sino de una puesta en escena que muchos perciben como demasiado alejada de la vida cotidiana.
Cuando la rutina diaria dejó de parecer una rutina
Camila, joven consumidora, resume esa sensación con una frase que retrata bien el malestar ante cierto escaparate digital.
"El 99% de la gente no vive así, no conecta y encima se quejan del estilo de vida que llevan. Te dicen, desayuno de una chica de 20 y claro que no es un desayuno de una chica de 20". - Camila, joven consumidora
Ahí aparece una de las tensiones de fondo. El problema no es solo que el contenido muestre una vida cómoda, sino que a menudo la presente como experiencia común, como si cualquiera pudiera reconocerse en ella sin fricción.
Jorge, joven consumidor, lleva la crítica un paso más allá y la vincula con la pérdida de autenticidad, un valor que durante años sostuvo buena parte de la relación entre creadores y audiencia.
"están muy alejados de la realidad, están dentro de su burbuja y ven la vida muy distinta. Un creador de contenido tiene que hacer que te veas proyectado en él, si ya no es real y no es genuino lo dejas de ver e incluso puedes generar un poco de odio". - Jorge, joven consumidor
Ese desgaste no implica necesariamente una caída seria para quienes ya tienen una comunidad masiva. Paula, joven consumidora, recuerda que una pérdida de 10.000 seguidores apenas altera la posición de perfiles que siguen atrayendo marcas y mantienen su modo de vida gracias a esa escala.
De ahí que el castigo del público no siempre adopte la forma de una desaparición, sino de un cambio de atención. Pueden ganar espacio perfiles más pequeños o de nicho que ofrecen ideas distintas y un contenido más creativo, como plantea Camila, joven consumidora.
Opinar también pasa factura cuando falta contexto
La distancia con la audiencia no se limita a los vídeos de estilo de vida. También aparece cuando algunos creadores entran en debates públicos sin el contexto suficiente y convierten asuntos delicados en mensajes rápidos para una comunidad enorme.
María Pombo y Rocío Camacho quedaron en el centro de polémicas por sus declaraciones sobre la crisis migratoria en Ceuta. En paralelo, Carliyo el Nervio, Natalia Palacios y Violeta Mangriñán participaron en el debate sobre una supuesta estrategia del Gobierno para tapar la crisis con propaganda relacionada con el eclipse.
Julia, joven consumidora, fija una condición bastante clara para ese tipo de intervenciones.
"Piensa, infórmate y luego habla. Si tu contenido va sobre eso y crees que es importante pronunciarte sobre ello, me parece bien. Si no te has pronunciado y no lo has hecho nunca, mejor no lo hagas". - Julia, joven consumidora
Claudia, joven consumidora, comparte esa idea y admite el derecho a posicionarse, pero lo supedita a la información y la documentación. Paula, joven consumidora, añade otro elemento que pesa mucho más cuando la audiencia incluye menores, porque ese contenido puede interiorizarse y circular como si describiera hechos reales.
El riesgo crece cuando quienes hablan arrastran audiencias enormes y parte de ese público todavía es menor de edad. Ahí la discusión deja de ser una simple torpeza de comunicación y pasa a tocar la forma en que se fijan relatos sobre asuntos que muchos espectadores aún están aprendiendo a interpretar.
Ni el lujo ni la torpeza borran el negocio que hay detrás
Fabiana Sevillano alimentó otra polémica tras su participación en La Velada del Año VI al afirmar que solo tenía un mes de vacaciones y que todo el mundo tiene tres meses de vacaciones. La frase condensó en pocas palabras esa desconexión que tantos usuarios reprochan cuando comparan su día a día con el de ciertos perfiles.
No es una cuestión menor, porque en ese tipo de comentarios el público no ve únicamente un error verbal. Ve una mirada del mundo que da por normales privilegios que la mayoría no comparte y que, aun así, siguen empaquetados como cercanía.
Perder 10.000 seguidores no cambia gran cosa cuando las marcas siguen pagando y la visibilidad continúa intacta. La grieta está en otro sitio, en una audiencia que ya no compra con tanta facilidad la promesa de autenticidad mientras escucha que tres meses de vacaciones forman parte de la vida de todo el mundo.