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Brasil acaba de enviar al Parlamento una señal difícil de ignorar. Entre los nuevos diputados de 21 a 29 años elegidos el pasado domingo, el 76% pertenece a la derecha o a la extrema derecha, mientras las redes sociales pesan tanto como la estructura de partido en la carrera hacia un escaño.
Ahí aparece Eduarda Campopiano, diputada electa de 23 años, con 1,9 millones de votos y 2,5 millones de seguidores en Instagram. Su ascenso no llega solo por edad o visibilidad. Llega también por un discurso que convierte la provocación en combustible político.
"¡Gloria a Dios que colonizaron Brasil y catequizaron a los indígenas! Hacer sacrificios y comerse el brazo de tu hermanito no está bien". - Eduarda Campopiano, diputada electa
Tres días después de ganar, Campopiano recibió dos denuncias judiciales presentadas por la diputada Erika Hilton y por la ministra de Indígenas Sônia Guajajara. Al mismo tiempo, ella presentó una demanda por acoso sexual contra otra influencer.
No se trata de un caso aislado. Los cinco diputados más votados en el estado de São Paulo tienen entre 28 y 37 años y son influencers con entre dos millones y cinco millones de seguidores.
Las urnas premiaron a candidatos que ya dominaban la atención
Nicolas Ferreira, de 30 años, y Lucas Pavanato, de 28, fueron los dos diputados más votados de Brasil el domingo 4, con tres millones de votos cada uno. En Instagram, Ferreira suma 23 millones de seguidores y Pavanato alcanza 5,5 millones.
La proporción impresiona porque cambia la escala del contacto político. Un candidato puede conocer a poca gente en persona y aun así entrar cada día en el móvil de millones de votantes.
"no conocen a mucha gente, pero mucha gente los conoce a ellos. No participan en movimientos sociales porque ellos mismos son el movimiento social (...) Tienen una percepción extraordinaria de por dónde soplan los vientos del poder emergente". - Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués
Ferreira, Pavanato y Campopiano comparten además una misma referencia ideológica. Los tres son discípulos del fallecido Olavo de Carvalho.
Mientras tanto, figuras conocidas como Marina da Silva, Simone Tebet y Gleisi Hoffmann perdieron sus escaños en las elecciones del pasado domingo. La comparación deja una pregunta incómoda para la política tradicional. Tener trayectoria ya no garantiza retener espacio cuando la campaña cabe entera en una pantalla vertical.
La izquierda conserva cargos, pero admite que perdió terreno en el móvil
Ana Elisa, diputada de 21 años del Partido de los Trabajadores, combina tres millones de seguidores en Instagram con un papel directo junto a Lula, a quien asesora en el uso de redes sociales. Su perfil muestra que la izquierda también compite en ese terreno, aunque no con el mismo resultado electoral entre los más jóvenes.
"Lo único que la izquierda perdió en la primera vuelta fueron las redes". - Ana Elisa, diputada y asesora de Lula
Los brasileños dedican 29 horas a las redes sociales, un 60% por encima de la media mundial. Con ese hábito de consumo, la batalla política no pasa solo por los mítines o la televisión. Pasa por quién logra ocupar más tiempo, más conversación y más identidad dentro de la app.
Campopiano convirtió frases extremas en parte central de su personaje político
Su discurso público no evita el choque, lo busca. En otras declaraciones, Campopiano afirmó que "Ningún negro aquí ha sido esclavizado, ningún blanco es esclavista" y también sostuvo que "El feminicidio no existe. Ninguna mujer muere por ser mujer".
Después empujó aún más esa construcción de personaje con otra frase difícil de separar de su estrategia de visibilidad. "¡Cualquier hombre debe tener derecho a girarse hacia mí y mandarme de vuelta a la cocina si así lo desea!".
En la misma línea, añadió que "Un hombre que no sabe ser agresivo cuando hace falta no es un buen ejemplo de hombre". No son salidas menores ni comentarios perdidos. Son mensajes que circulan con facilidad en un país donde la política joven ya se mueve con lógica de influencer.
El dato más duro no está solo en los 1,9 millones de votos de Campopiano. Está en la coincidencia entre audiencias de millones, 29 horas de uso de redes y un Parlamento joven donde el 76% de los nuevos diputados de 21 a 29 años quedó en manos de la derecha o la extrema derecha.