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Durante años, vender en redes sociales pareció una máquina que solo podía crecer. El negocio de la inversión de empresas en estas plataformas movió 400 millones de euros el año pasado, pero ese dinero convive ahora con una fatiga cada vez más visible entre quienes siguen a los perfiles que viven de recomendar productos.
Desde este verano, un movimiento de seguidores pide boicotear a las cuentas que publican solo contenido publicitario. No es un matiz menor, porque el rechazo aparece justo cuando muchos de esos perfiles habían convertido la promoción en su actividad central.
Un vídeo todavía paga bien, pero la confianza empieza a pasar factura
Un perfil con 600.000 seguidores puede cobrar 6.000 euros por un vídeo en Instagram. En la parte alta del mercado, los creadores consolidados llegan a facturaciones mensuales de 20.000 euros al combinar colaboraciones, formatos y eventos.
Visto desde fuera, la cifra explica por qué tantas cuentas han empujado su contenido hacia la promoción constante. También ayuda a entender por qué la frontera entre recomendación personal y escaparate comercial se ha vuelto cada vez más difícil de distinguir para el usuario.
En España, casi 10.000 personas reciben pagos por publicar contenido de publicidad en sus redes sociales. Eso significa que la monetización ya no ocupa un rincón marginal de Internet, sino un espacio con volumen suficiente como para generar hábitos, saturación y también rechazo.
Los usuarios ya no discuten si hay anuncios, sino cuánto ocupan
Un 69,8% de los usuarios de Internet consultados en varias encuestas cree que existe uso o abuso de la publicidad encubierta por parte de estos perfiles. La sospecha no gira solo en torno a campañas aisladas, sino a una forma de comunicar que a menudo mezcla vida personal, opinión y venta.
Aún más revelador resulta otro dato. Un 61,9% de los usuarios de Internet consultados considera que la mayoría de los comentarios y publicaciones de estos perfiles tienen carácter publicitario.
Ahí aparece la grieta real del modelo. Cuando más de seis de cada diez usuarios perciben que la mayor parte de lo que ven busca vender algo, el problema ya no afecta solo a la transparencia, también erosiona el atractivo cotidiano de seguir esas cuentas.
La industria ganó escala mientras crecía la sensación de burbuja
Muchos expertos sostienen que la burbuja del marketing en redes sociales podría estar a punto de estallar. La frase suena rotunda, pero encaja con una contradicción muy concreta entre el dinero que mueve este mercado y la percepción de una audiencia que detecta demasiada publicidad.
No hace falta mirar solo a las estrellas del sector para verlo. Si un creador puede ingresar 6.000 euros por una sola pieza y otros alcanzan 20.000 euros al mes, la presión por publicar acuerdos comerciales de forma continua deja de ser una excepción y pasa a formar parte de la rutina.
El desgaste no nace de que exista publicidad, sino de que un 69,8% percibe abuso y un 61,9% cree que la mayoría del contenido ya vende algo.