Viajar al Mundial de 2026 para grabar vídeos puede parecer una extensión natural del turismo digital, pero Estados Unidos traza una línea mucho más dura cuando ese contenido genera dinero. Para las autoridades migratorias, si la visita tiene como único propósito crear publicaciones como influencer y cobrar por ello dentro del país, eso ya cuenta como trabajo.
La advertencia no se queda en las grandes estrellas de internet. También alcanza a periodistas independientes, figuras públicas y perfiles con audiencias más modestas si monetizan lo que publiquen durante su estancia.
Estados Unidos considera trabajo cobrar por contenido grabado durante el viaje
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza y el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos sostienen que entrar con un visado de visitante y recibir ingresos de una fuente estadounidense rompe las condiciones de admisión. En la práctica, el clásico viaje para cubrir ambiente, partidos y reacciones cambia de categoría cuando hay facturación de por medio.
Ahí está el punto que puede pillar a muchos creadores a medio camino entre el ocio y la profesión. Tener un móvil, una audiencia y una marca detrás puede convertir un viaje turístico en actividad laboral, incluso si el contenido se parece al que haría cualquier aficionado desde la grada.
El riesgo no es menor para quien viaje con un B-2 de turista. Incumplir sus condiciones puede acabar en cancelación del visado, deportación y restricciones para volver a entrar en Estados Unidos.
El Mundial llevará a tanta gente que el control no será un asunto menor
Open Economics, la FIFA y la Organización Mundial del Comercio calculan la llegada de un millón de personas al torneo. Ese movimiento vendría acompañado por un gasto previsto de 11.000 millones de dólares, unos 9.519 millones de euros.
Además, 78 de los 104 partidos del Mundial 2026 se jugarán en territorio estadounidense. Con ese volumen de encuentros, estadios y desplazamientos, no cuesta ver por qué la vigilancia sobre la creación de contenido monetizado gana peso justo en esta cita.
La Administración estadounidense reforzará ese control durante el torneo, aunque por ahora no constan campañas masivas de inadmisiones. No es un escenario de cierres generalizados, pero sí uno en el que conviene revisar muy bien qué tipo de actividad va a hacer cada viajero.
Ni siquiera grabar desde la grada da carta blanca para publicar cualquier cosa
Al problema migratorio se suma otro frente que muchos creadores conocen menos de lo que deberían, el de los derechos audiovisuales. La FIFA prohíbe retransmitir partidos en directo, compartir secuencias continuas de juego, difundir goles o jugadas completas y usar imágenes oficiales con fines comerciales sin autorización.
Eso deja un margen bastante concreto para el contenido casual. La FIFA solo permite grabar vídeos breves del ambiente y las celebraciones dentro de los estadios, de modo que el material más valioso para una cuenta centrada en fútbol queda precisamente fuera del uso libre.
Para quien vive de enseñar el partido, comentarlo en tiempo real o empaquetar clips para redes, la combinación resulta incómoda. Por un lado está la frontera migratoria y por otro la frontera de los derechos de imagen.
Algunos creadores muy conocidos entrarían de lleno en la zona de riesgo
Entre los perfiles que podrían verse afectados aparecen DjMaRiiO, fundador de Post United, Carlos García, conocido como Carliyo el Nervio, Marina Rivers, Darío Eme Hache y La Sotanita. En el caso de esta última, participará en un pódcast emitido en Play antes de los partidos de la selección española.
No hace falta imaginar una producción de televisión para entender el alcance de la norma. Un pódcast patrocinado, una colaboración con marca o una cobertura pensada para rentabilizar la estancia ya mueven la actividad lejos del terreno puramente turístico.
La visa O-1 aparece como salida, pero no sirve para cualquiera
Frente al visado de turista, la visa O-1 figura como alternativa para personas con habilidades extraordinarias o reconocimiento destacado en artes, negocios, ciencia o deporte. Esa vía sí permite actividades profesionales remuneradas, colaboraciones con marcas y producción de contenido comercial.
El problema es el filtro. La visa O-1 exige demostrar notoriedad e impacto en el sector para poder trabajar de forma remunerada, así que no encaja con el creador medio que viaja al torneo con intención de publicar mucho y monetizar sobre la marcha.
Entre un evento que atraerá a un millón de personas y 78 partidos jugados en Estados Unidos, la frontera entre aficionado con cámara y profesional con negocio detrás será cualquier cosa menos teórica.