Entrar en Estados Unidos con un visado de turista y ponerse a grabar contenido con intención de cobrar por ello ya no cabe en la zona gris que muchos creadores daban por supuesta. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza lo deja por escrito y lo formula de la manera más directa posible para quien viaja con una B-2 y monetiza su trabajo online.
La regla es sencilla sobre el papel, aunque en la práctica choque con cómo funciona internet. Quien entra como visitante y percibe ingresos de una fuente estadounidense incumple las condiciones de su admisión, y el organismo añade que los titulares de visados B-2 no pueden trabajar ni cobrar por actividades realizadas dentro del país bajo riesgo de sanciones o expulsión.
La frontera ya trata la creación de contenido como trabajo cuando genera ingresos
No hace falta pensar en un empleo tradicional para caer en ese supuesto. La propia Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza precisa que trabajar para un medio o viajar con el objetivo de generar contenido e ingresos en Estados Unidos cuenta como actividad laboral y exige el visado adecuado.
Ahí está el punto que más puede descolocar a un creador digital. Subir vídeos, cubrir un evento, grabar colaboraciones o producir piezas para una audiencia global puede parecer una extensión del viaje, pero para las autoridades migratorias cambia de categoría cuando hay una finalidad económica vinculada a esa actividad.
Alex Gálvez, abogado de inmigración, introduce un matiz que no elimina el riesgo, pero sí dibuja una posible frontera legal. Explica que incumplir estas normas puede acabar en la pérdida del visado de turista, aunque aprecia margen si los ingresos se generan fuera de Estados Unidos y las cuentas en redes sociales están registradas en el extranjero.
El problema no afecta solo a influencers y ya ha golpeado a perfiles muy distintos
La discusión no se limita al universo de TikTok o YouTube. La Asociación Internacional de Periodistas Deportivos ya expresó su preocupación por las restricciones de visado impuestas por el Gobierno de Donald Trump, después de que algunos profesionales vieran bloqueada su entrada.
Ese endurecimiento ya dejó casos concretos. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza denegó la entrada al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan cuando se dirigía al Mundial de fútbol.
También aparece un ejemplo con enorme visibilidad pública. En 2025, Khaby Lame fue detenido en el aeropuerto de Las Vegas por exceder el tiempo permitido en su visado y después abandonó el país.
El tamaño de la audiencia no cambia la norma cuando el visado no encaja
Khaby Lame no es un perfil menor ni un caso fácil de pasar por alto en la economía de creadores. Acumula más de 162 millones de seguidores en TikTok, una cifra que ayuda a medir hasta qué punto estas restricciones pueden impactar incluso a quienes convierten su presencia digital en un negocio global.
Justo ahí aparece la contradicción más incómoda para la era del trabajo online. Internet permite grabar en un país, cobrar desde otro y publicar para todo el mundo, pero en la frontera manda una lectura territorial mucho más clásica sobre dónde se trabaja y de dónde salen los ingresos.
Para quien viaje con una B-2, el margen de error resulta pequeño. Entre la posibilidad de perder el visado, una expulsión y precedentes recientes como el de Las Vegas, la diferencia entre unas vacaciones y una actividad laboral ya no la marca la cámara del móvil, sino quién paga, desde dónde y para qué se hizo el contenido.