Aída Domènech se encuentra en Xcaret, una zona turística de Cancún en México, donde participa en un proyecto promocional que sirve de escenario para esta conversación.
La creadora de contenido de 36 años, conocida popularmente como Dulceida, aborda con franqueza el estigma social que aún persigue a su profesión y las dificultades personales que atraviesa en la actualidad.
El prejuicio social cuestiona la legitimidad del oficio
Domènech recuerda con nitidez su asistencia a los Premios Goya en 2018, un momento que marcó un punto de inflexión en su percepción pública. Los comentarios negativos llovieron sobre ella con preguntas sobre qué hacía allí o por qué invitaban a influencers.
La primera vez que recibí críticas por ser influencer lo pasé mal, admite la catalana, quien afirma no comprender el odio dirigido hacia su trabajo.
Ella matiza que la mayoría de estos profesionales acuden a certámenes cinematográficos invitados por marcas, sin ocupar el lugar de nadie dentro del evento. La situación le genera cierta empatía hacia Ona Gonfaus, la joven de 18 años que se hizo viral en el Festival de Málaga.
"Me dio pena porque sí creo que debería haberse informado mejor, pero también es una chica de 18 años. Hay que tener un poco de perspectiva" - Aída Domènech, creadora de contenido
Domènech defiende que detrás de una fotografía existen muchas horas de labor, desmontando la idea de que basta con pulsar un botón. Ella misma tuvo que combatir estereotipos al obtener su carnet de conducir, desmintiendo los rumores de que en Cuenca lo regalan.
La influencer describe jornadas de diez horas diarias entre clases, prácticas y exámenes, demostrando que se esforzó considerablemente para lograrlo. Su deseo es que la sociedad respete más una industria que requiere dedicación constante.
La vida personal supera la exposición mediática
Más allá de la gestión de su imagen pública, Domènech enfrenta un desafío emocional intenso debido a la participación de su esposa, Alba Paul, en el reality Supervivientes.
Lo de Alba en Supervivientes me está afectando muchísimo, confiesa la presentadora, quien no anticipaba la dureza de la separación temporal.
Una gala especialmente complicada para Paul provocó que Domènech se sintiera completamente hundida al día siguiente. Ver el sufrimiento de su pareja desde fuera resultó una experiencia devastadora para ella.
Esta tensión contrasta con su faceta profesional actual como presentadora de La Gran Cita, donde asegura sentirse mucho mejor de lo que esperaba. A pesar de ser autocrítica con su imagen en pantalla, ha logrado adaptarse al formato televisivo.
Los negocios familiares celebran una década de trayectoria
En el ámbito empresarial, este año marca el décimo aniversario de In Management, la agencia de representación que gestiona junto a su madre. La celebración incluye actos conmemorativos para festejar esta trayectoria.
Su propio matrimonio también cumple diez años, motivo por el cual renovará sus votos matrimoniales con Alba Paul en septiembre. Para la ocasión, lucirá dos diseños firmados por la marca Pronovias.
Domènech mantiene una postura firme respecto a la venta de exclusivas a medios de comunicación. Aunque respeta la decisión de otras colegas, ella prefiere compartir su vida con la comunidad de forma natural.
Su filosofía de inclusión se refleja en los Premios Ídolo, donde invita tanto a creadores de contenido como a actores y cantantes. El evento, centrado actualmente en Argentina, tiene prevista una expansión a otros territorios.
La familia está compuesta además por Aria, la hija de la pareja, quien crece bajo la mirada pública de dos figuras relevantes del sector digital español.