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Una campaña institucional pensada para celebrar los 50 años de democracia terminó atrapada en una discusión mucho más reconocible en redes que en los actos oficiales. El foco no solo cayó sobre el mensaje del Gobierno, también sobre Marina Rivera, una de las creadoras de contenido que participó en la acción, después de que circulara una cifra falsa sobre su coste.
Durante junio, el Ejecutivo impulsó esta iniciativa a través de la plataforma España en Libertad. Junto a Marina Rivera participó también Sara Fructuoso, en una campaña que acabó mezclando promoción institucional, moda y una oleada de comentarios de rechazo en internet.
La cifra que corrió por redes no coincidía con el gasto real
La acusación más repetida hablaba de 14,6 millones de euros. Esa cantidad fue difundida y después desmentida, porque el presupuesto real destinado a la campaña, sumando producción y publicidad, asciende a 200.000 euros.
Ahí aparece uno de los datos que más alimentan la discusión pública, porque Marina Rivera percibe un 10 % del presupuesto de la campaña. En términos prácticos, la polémica no giró sobre un macrocontrato, sino sobre una acción mucho más acotada que aun así generó un ruido desproporcionado.
En paralelo, la campaña incorporó una colección cápsula llamada Dmocracia. El diseñador Bnomio confeccionó tres prendas que no salieron a la venta y que fueron entregadas a influencers y sorteadas entre el público.
Marina Rivera respondió después de los insultos y las amenazas
La conversación dejó de ser solo presupuestaria cuando la reacción online subió de tono. Entre los mensajes publicados por internautas aparecieron frases como “Esto es muy fuerte, España está perdida” y otras mucho más largas que cuestionaban tanto la campaña como la participación pagada de sus protagonistas.
Marina Rivera, creadora de contenido participante en la campaña, explicó su posición en un vídeo.
"Como incluso representantes políticos (se refiere al líder del partido de ultraderecha Se Acabó la Fiesta, Alvise Perez) se ven con la libertad de insultarme y llamarme subnormal públicamente y dada la demagogia y las amenazas tengo que explicaros las cosas" - Marina Rivera, creadora de contenido
El episodio muestra hasta qué punto una campaña pública puede desviarse del mensaje inicial cuando entra en el circuito habitual de las redes. Lo que debía recordar una efeméride democrática acabó convertido en un debate sobre dinero público, exposición personal y hostilidad digital.
La donación cambia el sentido de lo que Rivera cobra
Rivera también anunció que no conservará el importe que recibe por su participación. La decisión introduce un giro relevante, porque desplaza la atención desde el cobro individual hacia el destino final de ese dinero.
"Todo lo que he percibido yo para esta campaña voy a donarlo a una ONG a investigación, ya os subiré el comprobante" - Marina Rivera, creadora de contenido
Ese anuncio convive con un detalle poco habitual en este tipo de acciones de imagen. Las tres prendas de Dmocracia no forman parte de una venta comercial, de modo que la campaña no se apoya en una colección comprable por el público, sino en una circulación limitada entre influencers y sorteos.
Queda así una contradicción difícil de pasar por alto. La campaña movilizó 200.000 euros, Marina Rivera cobra el 10 % de esa cifra y la discusión pública terminó dominada por un bulo de 14,6 millones, por insultos directos y por una donación prometida a una ONG de investigación.