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Connor Murphy murió en Tailandia el 8 de julio a los 32 años, después de una secuencia confusa y cada vez más tensa que terminó en un lago de una urbanización residencial. El caso deja una imagen difícil de encajar con la identidad pública que él mismo cultivó durante años en internet.
Con 2,6 millones de seguidores repartidos entre Instagram y YouTube, Murphy había construido una presencia muy visible alrededor del cuerpo, la forma física y una idea muy concreta de la autoimagen. Él mismo se definía como un hombre seguro de sí mismo y en una forma física óptima.
La noche dio un giro cuando huyó por la urbanización
Todo ocurrió un martes, cuando regresaba en taxi a una urbanización residencial e intentó subir a otro vehículo. El conductor se negó y, a partir de ahí, Murphy se agitó y empezó a gritar, una reacción que llevó a varios vecinos a llamar a la policía.
Cuando los agentes llegaron, echó a correr por la urbanización y saltó a un lago. Nadó hasta agotarse y murió ahogado.
Después, buzos de la Fundación Poh Teck Tung recuperaron el cuerpo a una profundidad de seis metros dentro del lago. Ese dato fija con crudeza el último tramo de una escena que ya había pasado del desconcierto al desastre.
La investigación sumó hallazgos que complican todavía más el caso
En la casa que Murphy tenía alquilada, el informe de la comisaría de Bang Phli recoge salpicaduras de pintura. No es un detalle menor, aunque por ahora tampoco ofrece una explicación cerrada sobre lo ocurrido antes de su salida en taxi.
Además, las autoridades encontraron en su vehículo dos jeringuillas sin utilizar y pastillas blancas de identidad desconocida. La investigación continúa abierta mientras esos objetos siguen sin identificar.
Murphy había convertido su imagen física en el centro de su personaje público
A mediados de la década de 2010, Murphy ganó notoriedad en YouTube con vídeos sobre culturismo y condición física. Desde ahí fue ampliando una audiencia masiva en plataformas donde la apariencia personal funciona casi como tarjeta de presentación permanente.
Resulta difícil no ver la contradicción entre esa narrativa de control corporal y el modo en que terminó todo. Murphy reunía 2,6 millones de seguidores entre Instagram y YouTube, pero su muerte quedó marcada por una huida desordenada, un lago y un rescate a seis metros de profundidad.