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Un vídeo pensado para agitar las redes terminó en los tribunales. El Tribunal de Primera Instancia de Temara condenó en julio a un creador de contenido a ocho meses de prisión y al pago de una multa de 20.000 dirhams, unos 1.860 euros, después de publicar unas imágenes que desataron una ola de rechazo.
El caso gira en torno a A. A., un hombre de unos 30 años que usa el seudónimo bn nsns y reúne más de 2,2 millones de suscriptores. No hablamos de una cuenta marginal, sino de un perfil con alcance masivo y capacidad para convertir cualquier gesto en conversación pública.
La polémica estalló cuando publicó un vídeo que tocó un rito muy sensible
A finales de mayo, el creador difundió un vídeo en el que cocinaba un perro muerto y consumía sus restos. El contenido aparecía ligado al alza de los precios del cordero con motivo de la fiesta Aid al-Adha, una asociación que multiplicó la indignación.
Después retiró la publicación e intentó rebajar el impacto con una explicación. Afirmó que no había matado al animal y que lo había encontrado muerto en la carretera, presuntamente tras ser atropellado por un vehículo.
Ahí está una de las claves del caso, porque el problema no quedó limitado a la imagen extrema del vídeo. También pesó el momento elegido, ya que la grabación rozó uno de los ritos más importantes del islam en un contexto de precios al alza.
La reacción en internet fue tan rápida como dura
Los internautas describieron las imágenes como "repugnantes" y "chocantes" y reclamaron su encarcelamiento. Para muchos, el vídeo no era solo una provocación de mal gusto, sino una falta de respeto directa hacia una celebración religiosa central.
Esa respuesta ayuda a entender por qué el asunto salió del circuito habitual de la viralidad. Con más de 2,2 millones de suscriptores, cualquier publicación de bn nsns tenía un alcance muy superior al de una cuenta corriente.
El historial del creador ya empujaba su imagen hacia el límite
No era la primera vez que A. A. buscaba impacto con escenas difíciles de ignorar. Con anterioridad ya había aparecido consumiendo carne de tortuga o de serpiente, entrando en cuevas peligrosas y pasando la noche en tumbas.
Visto en conjunto, su contenido seguía una lógica de escalada. Cuando una audiencia se acostumbra a lo raro, lo siguiente suele exigir más riesgo, más incomodidad o un tabú todavía mayor para mantener la atención.
La condena llegó en julio con ocho meses de prisión y una multa de 20.000 dirhams, una cifra que equivale a unos 1.860 euros. Entre el alcance de su canal y el rechazo provocado por el vídeo, el caso acabó midiendo en dinero y cárcel lo que empezó como una pieza pensada para circular en pantalla.