Bebió 250 días agua de un jarro con radio: el regreso viral de una práctica con rastro mortal

Matt Roeske, influencer con más de 500.000 seguidores, promovió beber agua de un Revigator con radio pese a advertencias sanitarias que vinculan esa exposición con mayor riesgo de cáncer.

08 de octubre de 2026 a las 11:30h
Bebió 250 días agua de un jarro con radio: el regreso viral de una práctica con rastro mortal
Bebió 250 días agua de un jarro con radio: el regreso viral de una práctica con rastro mortal

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Durante 250 días, Matt Roeske aseguró que bebió agua de un jarro radiactivo. No hablaba de un experimento de museo, sino de un Revigator, un recipiente de cerámica con el interior bañado en radio que hoy vuelve a circular envuelto en retórica conspirativa y consejos de salud sin base.

Roeske, influencer de la salud y creador de la marca Cultivate Elevate, acumula además más de 500.000 seguidores en Instagram. Ese alcance importa porque no difunde una rareza aislada, sino una colección de afirmaciones que incluyen negar la existencia de virus y gérmenes, atribuir las alergias al cacahuete a vacunas con aceite de cacahuete y vincular la extracción de las muelas del juicio con problemas cardíacos.

En sus subtítulos, Roeske cargó contra el origen de la regulación sanitaria con una frase que mezcla radio, vacunas, electricidad y pesticidas en la misma acusación.

"En 1933 cuando apareció la FDA de los Rothschilds lo primero que persiguieron fue el agua con radio… no las vacunas ni la sucia electricidad ni los pesticidas" - Matt Roeske, influencer de la salud y creador de Cultivate Elevate

La escena tiene algo de viaje al peor optimismo del siglo XX. El radio, descubierto por Marie Curie y Pierre Curie a finales del siglo XIX, pasó durante años de laboratorio admirado a ingrediente comercial con un prestigio que hoy resulta difícil de creer.

El agua con radio ya dejó un rastro mortal antes de desaparecer

Uno de los casos más citados es el de Eben Byers, industrial y campeón de golf, que murió en 1932 a los 51 años tras consumir unas 1.300 botellas de Radithor. Un año después, la documentación médica de su caso describió un cáncer de mandíbula que obligó a amputarle la mitad inferior del rostro.

A veces la distancia histórica suaviza el golpe, pero aquí ocurre lo contrario. Cuanto más concreto es el expediente de Byers, más cuesta encajar que un siglo después alguien presente agua irradiada como si fuera una práctica recuperable.

La regulación también cambió después de aquel periodo. En 1938, el gobierno federal promulgó una ley que reforzó el poder regulador de la Comisión Federal de Comercio y de la FDA.

Beber de un Revigator no convierte el riesgo en una anécdota

El recipiente que usó Roeske no era simbólico ni decorativo. El Revigator se diseñó precisamente como jarro de cerámica con recubrimiento interior de radio, de modo que la exposición no forma parte del relato alrededor del producto, sino de su propia función.

Frente a ese tipo de mensajes, la Agencia de Protección Ambiental mantiene una advertencia mucho menos vistosa y bastante más relevante para quien piense en salud real. La exposición prolongada a altos niveles de radio aumenta el riesgo de cáncer de huesos, hígado o mama.

Ahí aparece la fricción central del caso. Por un lado, un creador con medio millón de seguidores convierte un objeto radiactivo en gesto cotidiano. Por otro, la referencia sanitaria más básica sobre el radio habla de riesgo acumulado y cáncer, no de bienestar ni de limpieza del organismo.

El problema no es solo el jarro, también lo es el patrón del mensaje

Roeske no limita sus mensajes a una defensa del agua con radio. Su discurso suma la negación de virus y gérmenes, la idea de que las alergias al cacahuete proceden de vacunas con aceite de cacahuete y la afirmación de que extraer las muelas del juicio causa problemas cardíacos.

Esa combinación cambia la lectura del video. No estamos ante una excentricidad suelta, sino ante un estilo de comunicación que coloca una sustancia radiactiva dentro del mismo paquete de desconfianza hacia la medicina, los reguladores y explicaciones básicas sobre enfermedad.

Hay un dato que deja poco margen para romantizar el asunto. Un hombre murió en 1932 tras beber unas 1.300 botellas de Radithor, y la propia advertencia sanitaria actual sobre el radio sigue apuntando a cáncer de huesos, hígado o mama.

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