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Ahora no hace falta un supuesto gurú de salud ni un vecino con remedios de otra época para colar un engaño en redes. Basta con un perfil generado con inteligencia artificial, una cara de anciano convincente y una batería de consejos llamativos en Instagram, Facebook o TikTok para empujar al usuario hacia productos fraudulentos.
La Agència de Ciberseguretat de Catalunya ha detectado una proliferación de estas cuentas, diseñadas para hacerse pasar por personas mayores y difundir contenidos engañosos. Entre los perfiles localizados en castellano aparecen nombres como Paco.delcampo, Sofia.saludencasa, Eduardo.holisticovida y Enzo.maderas.
"Para reforzar la credibilidad, los avatares hablan en primera persona, utilizan una apariencia muy realista y se presentan como personas mayores con experiencia que comparten conocimientos tradicionales" - Agència de Ciberseguretat de Catalunya
No es un detalle menor. La puesta en escena busca activar una confianza casi automática en quien mira el vídeo y reconoce una estética familiar, a menudo acompañada por una bandera de España colocada en el escenario.
Los consejos cambian, pero la trampa acaba en la misma venta
Unas veces prometen trucos caseros y otras empujan mensajes más delicados. Hablan de poner cebolla en la planta del pie por la noche, de frotar la piel con piña para eliminar verrugas o de comprobar si un huevo flota para saber si está estropeado.
El problema deja de ser pintoresco cuando algunas de estas cuentas recomiendan abandonar tratamientos médicos y desconfiar de la medicina convencional. Ahí el contenido ya no solo intenta vender, también interfiere en decisiones de salud.
Detrás de muchos perfiles aparece el mismo mecanismo comercial. Varias cuentas usan una misma dirección de correo para pedir el libro que promocionan y redirigen al usuario a páginas donde venden libros o guías sin identificar a sus autores.
La apariencia cambia para adaptarse al público
Los creadores no trabajan con un único personaje. Generan versiones con aspecto de ancianos, religiosos o granjeros, cambian etnias, adaptan idiomas y ajustan el envoltorio según el tipo de audiencia al que quieren llegar.
Esa flexibilidad convierte el fraude en algo barato de replicar y difícil de frenar a simple vista. Si un personaje deja de funcionar, otro puede ocupar su lugar con la misma fórmula y un tono distinto.
Detectar el engaño exige mirar donde casi nadie mira
La Agència de Ciberseguretat de Catalunya recomienda fijarse en señales pequeñas que suelen pasar desapercibidas cuando el vídeo está bien montado. Propone revisar el parpadeo, la sincronización entre labios y voz, la simetría del rostro, la duración de la pieza y los errores en los objetos del fondo.
También aconseja usar herramientas concretas para verificar archivos. Entre las opciones recomendadas figuran AI or Not y Deepware para comprobar imágenes y vídeos.
El problema va mucho más allá de estos falsos abuelos digitales
La misma Agència sitúa este fenómeno dentro de un ecosistema de manipulación más amplio y aporta una cifra que ayuda a medir la escala. Más del 95 % de los hipertrucajes que circulan por internet están relacionados con pornografía no consentida.
Ese dato coloca estos perfiles fraudulentos en una categoría que va más allá del simple spam con trucos caseros. Mientras el usuario ve consejos sobre huevos, verrugas o cebollas, detrás opera la misma lógica de suplantación y engaño que ya alimenta otros usos mucho más dañinos del hipertrucaje.