El debate que Ana Brito ha abierto sobre las influencers de lifestyle no trata del fin de quienes viven de las redes, sino de qué tipo de creadoras siguen teniendo sentido para la audiencia.
La creadora madrileña, conocida como El show de Britten, lanzó esa reflexión en el podcast de Nacho Gay y lo hizo con una crítica muy concreta. No habló de todos los perfiles digitales por igual, sino de un formato de influencia basado en mostrar una vida aspiracional. Su planteamiento parte de una fatiga personal con ese contenido y de una idea clara el interés del público podría desplazarse hacia perfiles más especializados, ligados a una profesión o a una experiencia reconocible.
"Yo tengo una crisis con el mundo influencer, jartísima. Cuando yo hablo de influencers, me refiero a las influencers de lifestyle, quiero dejar eso claro" - Ana Brito, creadora de contenido
La crítica de Ana Brito va contra el modelo aspiracional
Brito sostuvo que las influencers de lifestyle aportan cada vez menos valor y que ese modelo puede agotarse. Su argumento no es que desaparezca la influencia digital, sino que cambie el motivo por el que se sigue a alguien. En lugar de perfiles cuyo atractivo gira alrededor de su estilo de vida, cree que ganarán peso creadoras a las que se sigue por su profesión, su criterio o sus valores. Puso como ejemplo a alguien como un fotógrafo una persona cuya opinión se considera útil porque está conectada con un conocimiento concreto.
"Yo siempre he creído que este tipo de influencers se van a acabar y las que van a emerger son a las que sigues por su profesión, como a un fotógrafo. Te fías de su opinión y por sus valores" - Ana Brito, creadora de contenido
La parte más afilada de su intervención llegó cuando habló de la distancia entre lo que se muestra y lo que realmente se vive. Ahí no se limitó a una crítica abstracta. Lo llevó a una experiencia muy cotidiana en redes entrar a ver a creadoras de 35 años, con hijos y una vida aparentemente perfecta, y salir de ahí con una sensación de toxicidad. Su respuesta no fue debatirlas, sino silenciarlas. Ese detalle importa, porque retrata una forma de consumo cada vez más habitual cuando el contenido no informa ni entretiene, pero sí afecta al ánimo, se deja de ver.
"No aportan nada las influencers de lifestyle; es una autocrítica" - Ana Brito, creadora de contenido
"Que yo me veo viendo a las chavalas que sigo, que tienen 35 años, con hijos, una casa en la playa... Esa vida no es verdad, porque me genera toxicidad. Las he silenciado" - Ana Brito, creadora de contenido
En su caso, además, hay un matiz que da contexto a esa posición. Ana Brito se hizo conocida tras empezar en redes después de ser despedida de su trabajo durante la pandemia. Su crecimiento estuvo vinculado al humor y en varias ocasiones se ha definido como "antiinfluencer". También ha mantenido un perfil muy reservado sobre su vida personal, hasta el punto de ocultar sus dos embarazos hasta fechas próximas al parto. Esa distancia con la exposición íntima encaja con la crítica que ahora hace al lifestyle más exhibicionista.
La respuesta de Marta Pombo convierte el debate en algo personal
La contestación llegó rápido y con nombre propio. Marta Pombo, influencer de lifestyle y hermana de María Pombo, se dio por aludida y respondió públicamente. Lo hizo reivindicando precisamente el tipo de relato que Brito cuestiona una vida contada desde la experiencia personal, con deporte, familia, vivienda en alquiler en Madrid, una casa en Cantabria y episodios difíciles como un divorcio o una depresión.
"Pues yo no tengo profesión como tal. Soy influencer lifestyle, hago deporte porque quiero estar fuerte, tengo tres hijas y un marido estupendo. Vivo en un piso de alquiler y pude comprarme una casa en Cantabria. He pasado por un divorcio, una depresión y ahora te cuento mi vida más feliz que un regaliz" - Marta Pombo, influencer
Su respuesta pone sobre la mesa la otra cara del debate. Para una parte del público, contar la vida propia sí puede tener valor si se percibe honestidad o cercanía. No necesariamente por especialización, sino por identificación. El problema es que ahí también aparece la gran duda dónde acaba la autenticidad y dónde empieza la construcción de un personaje. Esa es precisamente la grieta que Brito señala cuando habla de vidas que no siente como verdaderas.
"Para mí, la gente que trata de infravalorar a otras personas, necesitan hacerlo para reafirmar su valor de alguna manera por pura inseguridad en algún aspecto de su vida" - Marta Pombo, influencer
La discusión no resuelve quién tiene razón, pero sí deja clara una tensión real en el ecosistema de creadores. Por un lado, están quienes creen que el contenido basado en profesión, criterio y valores será más sostenible. Por otro, quienes defienden que compartir la vida diaria sigue siendo una forma legítima de conectar con la audiencia. Lo que sí parece evidente es que el viejo escaparate aspiracional, ese que promete casas perfectas, hijos perfectos y rutinas perfectas, genera cada vez más rechazo en una parte de quienes lo consumen. Y cuando una creadora como Ana Brito admite que ha dejado de mirar porque le hace daño, no está hablando solo de una pelea entre influencers está describiendo un cansancio bastante reconocible para cualquiera que lleve años abriendo redes y sintiendo que, al final, ve siempre la misma vida imposible.