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Instagram, rodajes con escenas delicadas y jornadas que empiezan mucho antes de que se encienda una cámara han entrado a la vez en la misma reforma. El Gobierno aprobó este martes un decreto que actualiza las reglas laborales de artistas y personal técnico, un marco que seguía anclado en 1985 y que ahora intenta acercarse a cómo funciona de verdad este trabajo.
La parte más visible afecta a los menores que generan ingresos en redes. Los niños influencers solo podrán trabajar por cuenta ajena con una empresa responsable, y además tendrán límites de horario según su franja de edad. Los menores de 16 años seguirán sin poder trabajar, salvo las excepciones ya previstas en teatro, cine o televisión.
Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, puso el foco en ese cambio y en el fin de una práctica que había provocado polémica pública.
"Se acabó en España el trabajo autónomo con los menores. Aquellos supuestos de menores en Instagram que fueron muy polémicos, explotados por su familia porque daban mucho dinero. Esto no se va a permitir en nuestro país, tiene que mediar una relación laboral y, por tanto, existir una empresa que se haga responsable de esa relación laboral" - Yolanda Díaz, ministra de Trabajo
El giro no se queda en redes sociales. La norma también amplía qué cuenta como jornada laboral, algo clave en un sector donde muchas horas desaparecían en la práctica porque no coincidían con el momento de actuar, grabar o subirse al escenario.
La jornada ya incluye tareas que antes quedaban fuera
Desde ahora entran en ese cómputo los ensayos, la preproducción, la posproducción y la promoción. Para quien trabaja en una serie, una película o un montaje escénico, eso cambia la foto completa del empleo, porque reconoce tiempo que hasta ahora podía quedar difuso en contratos y nóminas.
También cambia la forma de cobrar. Las nóminas deberán separar salario, conceptos no salariales y derechos de autor, una distinción que sobre el papel parece técnica, pero en la práctica aclara cuánto se paga por trabajo efectivo y cuánto corresponde a otras partidas.
Los sindicatos Unión de Actores y Actrices, CC.OO., UGT y CONARTE situaron ahí una de las claves del decreto, ligada a la organización real del trabajo.
"El tiempo de trabajo debe estar planificado, con antelación y de manera informada" - comunicado conjunto de Unión de Actores y Actrices, CC.OO., UGT y CONARTE
Esa actualización alcanza además a perfiles que hasta ahora ni siquiera figuraban en esta relación laboral especial. La norma incorpora por primera vez a quienes trabajan en parques temáticos y de atracciones, un añadido que ensancha el perímetro de un sector que ya no cabe solo en el teatro, el cine o la televisión.
Los rodajes incorporan una figura obligatoria cuando la escena lo exige
Otra novedad introduce al coordinador de intimidad como figura obligatoria en escenas de contenido sexual o violento. En la práctica, ese papel ordena un terreno especialmente sensible en los rodajes, donde la frontera entre dirección artística, seguridad y derechos personales puede volverse frágil muy rápido.
Hay, sin embargo, un hueco importante en el texto final. El decreto retira el artículo 13, que pretendía regular el uso de la inteligencia artificial generativa sobre la voz y la imagen de los intérpretes, justo uno de los frentes que más inquietud ha despertado en la profesión.
La inteligencia artificial quedó fuera por un choque jurídico
El Consejo de Estado dictaminó que ese artículo invadía derechos fundamentales como la intimidad, la propia imagen y la protección de datos. Por ese motivo entendió que esa materia solo puede regularse mediante una ley orgánica, no a través de este decreto.
Ahí aparece una de las tensiones más claras de la reforma. El decreto moderniza el trabajo artístico, pero deja fuera la IA generativa, de modo que una parte del problema más actual queda pendiente mientras sí avanzan cuestiones de jornada, menores o seguridad en rodaje.
Los sindicatos que respaldaron la actualización también lamentaron esa ausencia y advirtieron de su efecto práctico. A su juicio, dejar fuera límites a la inteligencia artificial generativa por una cuestión formal empuja el asunto a la negociación individual, justo el terreno donde un intérprete o un técnico suele tener menos margen.
Detrás de esta reforma hay además una deuda larga. El decreto pone al día el real decreto 1435/1985, la norma que regulaba el trabajo artístico desde hace cuarenta años, y se enmarca en el Estatuto del Artista, un documento con 75 medidas que el Congreso aprobó por unanimidad en 2018.
Quedan tareas pendientes, entre ellas las rebajas fiscales en IVA e IRPF, el reconocimiento de enfermedades profesionales propias del oficio y la revisión de las cuotas de autónomo. Pero el contraste más llamativo está ya sobre la mesa, con una norma que sí entra en los ensayos, la promoción y las escenas íntimas, mientras la voz y la imagen generadas con IA siguen fuera del texto final.