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La caída de Dr. Food mezcla fama digital, marca comercial y una condena que apunta al corazón de su negocio. Dib, creador de contenido libanés con millones de seguidores, recibió cadena perpetua con trabajos forzados por fabricación y tráfico de drogas después de que la investigación situara hachís dentro de envases de alimentos asociados a su propia marca.
El caso quedó resuelto en marzo, cuando el Tribunal Penal del Monte Líbano dictó la sentencia bajo la presidencia del juez Elie Helou. La resolución salió a la luz el 16 de julio y llegó además en ausencia, porque el acusado estaba escondido y fuera del país.
La marca que vendía dulces acabó ligada al transporte de hachís
Ahí está una de las claves más incómodas del caso. La red de contrabando ocultaba la droga en cajas de chocolate y paquetes de repostería de Dr. Food, una mecánica que convertía un producto de consumo corriente en cobertura para mover mercancía ilegal.
La investigación arrancó en 2023, cuando las autoridades localizaron resina de cannabis en cajas con esa marca dentro del equipaje de un acusado que viajaba a Turquía desde el aeropuerto internacional de Beirut. A partir de ese hallazgo, el rastro llevó a una operación mucho mayor.
De hecho, las autoridades llegaron a incautar 820 kilos de hachís ocultos en embalajes de productos de repostería. La cifra da una medida concreta del alcance atribuido a la red y explica por qué la justicia libanesa aplicó una de las penas más duras previstas.
La popularidad en redes no frenó el golpe judicial
En internet, Dr. Food seguía jugando en otra liga. Dib reúne 8,7 millones de seguidores en TikTok y 2 millones en Instagram, una audiencia que lo sitúa más cerca de una marca de consumo masivo que de un perfil local.
Esa dimensión pública vuelve más llamativa la distancia entre la imagen comercial y el expediente penal. Mientras el fallo ganaba visibilidad, el condenado mantuvo actividad promocional en sus perfiles y siguió publicando anuncios en redes sociales.
Tras conocerse la sentencia, también difundió un vídeo en Facebook en el que acusó a varias páginas y medios de perjudicar su reputación. En ese mismo mensaje defendió que cuenta con un equipo legal que sigue los casos de su empresa.
La condena alcanzó a una red con varios implicados
El tribunal no limitó la resolución a una sola persona. Los condenados, de varias nacionalidades, deberán pagar una multa de 120 millones de libras libanesas en aplicación de la Ley de Estupefacientes del Líbano.
La tensión del caso no está solo en la pena, sino en el uso de envases cotidianos para esconder la droga y en la continuidad de la actividad pública del principal condenado. Entre una marca de repostería, 10,7 millones de seguidores sumados entre TikTok e Instagram y 820 kilos incautados, la historia terminó mucho más lejos de una campaña de promoción que de un simple escándalo digital.