223.000 en YouTube y 312.000 en TikTok: el directo que hunde la imagen de Aruberuto Makoto

La polémica estalla tras un directo en Kabukicho donde Alberto Alonso y su cámara lanzaron comentarios sexuales a una mujer ebria y frases racistas a un hombre; después, él respondió sin disculparse y habló de manipulación mediática.

25 de agosto de 2026 a las 14:35h
223.000 en YouTube y 312.000 en TikTok: el directo que hunde la imagen de Aruberuto Makoto
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La polémica en torno a Aruberuto Makoto no nace de un malentendido aislado, sino de un directo en Kabukicho, Tokio, donde Alberto Alonso y la persona que lo grababa lanzaron comentarios sexuales a una mujer japonesa en estado de embriaguez. El episodio gana peso por un detalle incómodo para cualquiera que siga el consumo de creadores online. Hablamos de un perfil con 223.000 seguidores en YouTube y 312.000 en TikTok.

Durante esa grabación, Alonso dijo una frase literal que marca el tono de todo lo ocurrido. No fue una broma ambigua ni un comentario sacado de una conversación privada, sino una intervención en pleno directo mientras enfocaban a la mujer.

"¿Te la quieres hacer? ¿Le digo si quiere ir al hotel? Esta es gratis" - Alberto Alonso, creador de contenido conocido como Aruberuto Makoto

A su lado, el cámara elevó todavía más el nivel de agresividad verbal con otra frase literal. Después, ambos se burlaron de la mujer por tener la lengua bífida y también dirigieron comentarios racistas a un hombre negro que intentó ayudarla.

"Yo la empotraría contra la pared" - cámara que acompaña a Alberto Alonso en el directo

Lo que aparece en ese vídeo encaja además con un patrón previo. Alberto Alonso ya había publicado grabaciones con actitudes machistas, incluida una en Corea donde se acerca a mujeres por la calle para valorar su físico y lanzarles piropos.

Alberto Alonso respondió sin disculparse y defendió su manera de hacer contenido

Más tarde, el streamer publicó un vídeo de respuesta en el que evita pedir disculpas y opta por justificar su comportamiento. Ahí intenta presentar lo ocurrido como parte de un estilo de humor dirigido a un público concreto.

"Sí, mi humor es negro. Soy un creador de contenido y me dedico al 100% a esto, aunque también tengo empresas. Es un humor que es de amigos, para hombres. Muchas veces nos hemos pasado y hemos dicho tonterías que era mejor borrar, seguro que sí. No lo negaré" - Alberto Alonso, creador de contenido conocido como Aruberuto Makoto

Esa defensa introduce una idea que hoy pesa mucho en la economía de los creadores. Cuando alguien vive al 100% de su presencia digital, cada respuesta pública funciona también como una declaración sobre qué tipo de comunidad quiere conservar cerca y qué límites está dispuesto a asumir.

Después, Alonso trató de separar su forma de hablar de la reacción que han provocado sus palabras. Su argumento gira alrededor del idioma y del registro con el que suele expresarse.

"Soy una bestia hablando, soy un malhablado, pero es que mi contenido no es para todos, sino para cierta gente a la que le gusta y que quiere desconectar de su trabajo y reír" - Alberto Alonso, creador de contenido conocido como Aruberuto Makoto

Ahí aparece una tensión difícil de esquivar. Una cosa es apelar a un humor duro o a un tono bronco, y otra muy distinta convertir en espectáculo a una mujer ebria y ridiculizar a otra persona que intenta intervenir.

El creador trasladó la responsabilidad a los medios y habló de vídeos recortados

Lejos de rebajar el conflicto, Alonso situó parte de la culpa fuera de su canal. En su vídeo de respuesta acusó a la prensa española de manipular el contenido al mostrar fragmentos concretos del directo.

"Los medios están manipulando muchísimo, cortan el vídeo donde quieren. Estoy intentando subir el vídeo entero a YouTube para que se vea todo el contexto, pero no me dejan" - Alberto Alonso, creador de contenido conocido como Aruberuto Makoto

Ese movimiento no borra un dato visible para cualquier espectador. Las frases sexuales hacia una mujer ebria, la burla por su lengua bífida y los comentarios racistas al hombre que trató de ayudarla forman parte del mismo directo y del mismo tono de intervención.

Mientras tanto, su perfil de Instagram ha dejado de estar disponible tras la controversia. No cambia lo que quedó registrado en Kabukicho, pero sí añade una señal concreta sobre el coste que puede tener una crisis de reputación cuando el producto principal de un creador es su propia imagen.

Desde Japón, donde reside y trabaja también como profesor de japonés, Alberto Alonso construyó una presencia digital alrededor de su vida en el país. Esa exposición, medida en 223.000 seguidores en YouTube y 312.000 en TikTok, choca ahora con un directo en el que la audiencia pudo escuchar sin filtro frases como "Esta es gratis" y "Yo la empotraría contra la pared".

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