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La violencia contra creadores de contenido en México ya no cabe en la categoría de casos aislados. Son 19 asesinatos en Jalisco, Sinaloa, Guerrero y Nuevo León dentro de disputas del crimen organizado, un dato que coloca a las redes sociales en una zona mucho más turbia que la de la simple exposición pública.
Detrás de esa cifra aparece una pelea por algo que hoy vale tanto como un territorio físico. La audiencia. El alcance. La capacidad de instalar mensajes en directo ante cientos de miles de personas sin pasar por filtros tradicionales.
Los cárteles también pelean por dominar la pantalla
Especialistas en seguridad del país describen un patrón que va más allá de la intimidación puntual. Su lectura apunta a que los cárteles buscan controlar el entorno digital e imponer censura o líneas editoriales en las zonas donde ya ejercen influencia fuera de internet.
"A los carteles les interesa dominar el entorno digital e imponer líneas editoriales o censura en sus zonas de influencia a través de figuras con alta audiencia". - Especialistas en seguridad del país
La idea resulta especialmente delicada porque convierte a los perfiles sociales en algo más que escaparates personales. También pueden funcionar como altavoz de propaganda territorial y como instrumento de presión en lugares donde el crimen organizado ya disputa presencia política, económica y social.
El caso de César Gastélum expuso el riesgo en tiempo real
César Gastélum tenía 25 años, sumaba 750.000 seguidores en TikTok y murió en Culiacán mientras transmitía en Kick junto a otros dos hombres, que resultaron ilesos. La escena resume una transformación incómoda del oficio de creador, donde la visibilidad puede multiplicar el negocio y también el peligro.
No hablamos solo de publicaciones grabadas o de mensajes que quedan flotando en una cuenta. Una retransmisión en directo añade inmediatez, ubicación, compañía y contexto, justo los elementos que vuelven más frágil cualquier frontera entre presencia digital y exposición física.
Las autoridades ya investigan el dinero que circula por esos perfiles
Ahora el foco oficial no está solo en los homicidios. El Gabinete de Seguridad Federal y las fiscalías estatales investigan el uso de perfiles digitales y transmisiones de creadores de contenido para el lavado de dinero y para la difusión de propaganda territorial vinculada a los cárteles.
Ahí entra una cuestión menos visible para el usuario común, pero muy relevante para entender el problema. En la economía de creadores, los ingresos pueden llegar por publicidad, colaboraciones o pagos difíciles de rastrear a simple vista, y esa opacidad abre un hueco evidente cuando faltan controles.
"Los delincuentes buscan negocios y actividades donde sea relativamente sencillo justificar ingresos elevados o variables. En ese contexto, la economía digital y el mercado de la publicidad en redes sociales representan sectores que pueden ser vulnerables cuando existe poca transparencia sobre el origen de los pagos o la prestación real de los servicios". - Grupo de Acción Financiera
La observación del Grupo de Acción Financiera ayuda a encajar por qué un perfil con mucho tirón puede interesar más allá del entretenimiento. No hace falta una estructura visible para mover dinero si el flujo de pagos, promociones o servicios resulta difícil de verificar desde fuera.
La respuesta oficial combina presión judicial y reconocimiento del límite militar
Desde la Presidencia de México han exigido investigar a fondo y detener a los responsables de los ataques contra los creadores de contenido. Además, las autoridades han puesto en marcha operativos conjuntos con la Guardia Nacional y el Ejército para esclarecer los crímenes y localizar a autores materiales e intelectuales.
Al mismo tiempo, la propia Secretaría de Defensa Nacional admite que la respuesta no puede apoyarse solo en la fuerza. La dependencia sostiene que hace falta una estrategia integral que ataque las finanzas ilícitas, reduzca la demanda de sustancias, refuerce las instituciones frente a la corrupción y ofrezca alternativas de desarrollo social en comunidades vulnerables.
Ese reconocimiento introduce una contradicción difícil de esquivar. Mientras las plataformas premian la visibilidad y convierten la atención en ingresos potenciales, las autoridades investigan justamente si esa misma maquinaria digital puede servir para lavar dinero, marcar territorio y silenciar voces en cuatro estados donde ya van 19 asesinatos.