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En apenas un par de horas, un recorrido por TikTok, Instagram o Facebook puede desembocar en una conclusión incómoda. Miguel A. Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, ha localizado más de 170 perfiles de falsos influencers creados con inteligencia artificial que difunden bulos sobre alimentación y reúnen más de 23 millones de seguidores.
No hablamos de cuentas parodia ni de experimentos aislados. La mecánica copia la estética del consejo cotidiano, el tono de confianza y el gancho del miedo para colar mensajes sobre pescado, manzanas, carnes o salmón como si detrás hubiera una persona real con experiencia propia.
"Seguro que ya conocéis a Paco: 'Si has comprado pescado en el mercado, mételo'. Y quizá a Sofía: 'Nunca compres manzanas sin antes revisar eso'. O a Eduardo: 'Nunca comas estas tres carnes mortales si no quieres morir mañana'. A Manuel: 'Este es el salmón de supermercado'. O a Enzo: 'Échale agua hirviendo a tus manzanas'. Todos ellos tienen algo en común: difunden bulos sobre alimentación y ninguno existe. Han sido generados con inteligencia artificial" - Miguel A. Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos
Ahí está la parte más delicada para cualquier usuario. El formato resulta familiar, entra rápido por pantalla y parece hecho a medida para ese consumo fugaz en el que uno escucha un consejo, duda un segundo y sigue deslizando.
La IA ya fabrica desinformación alimentaria a gran escala
Lurueña no describe un fenómeno menor. Ha identificado más de 170 perfiles que superan los 23 millones de seguidores, una escala que cambia el problema porque convierte el bulo en una cadena de producción, no en un golpe aislado de viralidad.
"No se trata de un puñado de vídeos virales, sino de algo mucho más importante. Estamos ante una producción de bulos a escala industrial. La inteligencia artificial permite generar vídeos hiperrealistas sin apenas necesidad de tiempo, esfuerzo ni conocimiento. Puede detectar los temas de salud que más interés despiertan, construir un guion con palabras clave para llamar nuestra atención y crear decenas de vídeos similares adaptados a diferentes tipos de público" - Miguel A. Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos
La combinación encaja demasiado bien con la lógica de las plataformas. Si un tema genera clics, miedo o curiosidad, el sistema permite replicarlo una y otra vez con rostros distintos, mensajes parecidos y públicos segmentados.
Detrás puede haber dinero directo por visualizaciones o por la venta de libros y otros productos. Pero el alcance va bastante más allá del ingreso fácil, porque la misma fórmula también sirve para erosionar la confianza en empresas o sectores enteros y para golpear asuntos de salud pública.
El negocio no acaba en las visitas y puede tocar la salud pública
Lurueña sitúa el incentivo económico como una pieza del problema, no como la única. El mismo mecanismo puede servir para monetizar vídeos y para atacar sectores enteros, una mezcla especialmente incómoda cuando el contenido habla de qué comer o qué evitar.
"En muchos casos, para ganar dinero, monetizando las visualizaciones o vendiendo libros y otros productos. Pero eso es casi lo de menos, porque el potencial de este fenómeno es enorme. Puede utilizarse para desprestigiar empresas o sectores enteros, para atentar contra la salud pública o incluso para influir en campañas electorales o desestabilizar gobiernos" - Miguel A. Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos
Ese salto de un consejo falso sobre comida a una herramienta de presión política parece brusco, pero comparte el mismo motor. Basta con generar una cara creíble, una frase alarmante y un vídeo que imite el lenguaje de quien supuestamente sabe de lo que habla.
Lo que vemos en pantalla ya no garantiza que exista nadie al otro lado
Durante décadas, foto y vídeo jugaron con ventaja frente al texto porque transmitían una sensación de prueba. Ahora esa intuición falla, y falla justo en el entorno en el que más gente consume información sin detenerse demasiado a comprobarla.
"Durante más de un siglo hemos considerado que las fotografías o los vídeos eran un fiel reflejo de la realidad, pero esto ha dejado de ser cierto. Hoy podemos ver vídeos de personas que no existen en lugares que no son reales, mostrándonos algo que nunca ha ocurrido. En muchos de ellos hay detalles que todavía delatan el uso de inteligencia artificial, pero esta tecnología ya es capaz de generar imágenes tan bien hechas que no se distinguen de la realidad. Eso significa que ya no podemos fiarnos de todo lo que vemos. Nuestros ojos ya no bastan para distinguir la realidad de la ficción" - Miguel A. Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos
Queda una paradoja muy actual. Cuanto más fácil resulta producir vídeos convincentes con poco tiempo, esfuerzo y conocimiento, menos útil es la vieja costumbre de creer algo solo porque aparece ante nuestros ojos.
Por eso la recomendación práctica no pasa por mirar más, sino por desconfiar mejor. Antes de creer un vídeo o compartirlo, conviene comprobar si tiene fundamento y si procede de una fuente fiable, sobre todo cuando el mensaje juega con el miedo, promete una revelación inmediata o suena demasiado extraño para ser verdad.