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La condena a cadena perpetua contra Andrés Sutar Araya cierra uno de los casos más duros de los últimos años en Chile, no solo por el femicidio de Javiera Jiménez Galleguillos, sino por lo que vino después. La joven tenía 23 años y su rastro quedó interrumpido el 26 de agosto de 2022, mientras su familia recibía una mentira construida para desviar la búsqueda.
Durante ese tiempo, Sutar Araya intentó sostener una coartada con un gesto que agrava la violencia del crimen. Envió un mensaje a la madre de la víctima haciéndose pasar por Javiera y aseguró que había atropellado a una persona, como si su desaparición respondiera a una fuga para evitar una detención.
La búsqueda terminó 17 meses después en el desierto
Fue el 12 de enero cuando aparecieron los restos de Javiera Jiménez Galleguillos en el desierto de Antofagasta, cerca de la ruta B-400. El hallazgo llegó 17 meses después de la desaparición, una distancia temporal que explica por qué el caso dejó una herida más larga que la del propio crimen.
La investigación estableció que Sutar Araya provocó una lesión mortal en la cabeza de la joven, quemó su cuerpo y luego lo cubrió con piedras. No hubo una desaparición voluntaria ni un accidente, pese a las versiones que el condenado intentó instalar.
"El femicidio es la expresión más extrema de la violencia contra las mujeres, y en este caso el daño no terminó con la muerte. Continuó en la mentira, en la suplantación de Javiera ante su propia madre y en un año y cinco meses de búsqueda" - Fiscalía
Ese elemento marca la diferencia entre un asesinato ocultado y una estrategia prolongada para manipular a la familia. En la práctica, la búsqueda convivió durante más de un año con un relato falso que buscaba dar una explicación creíble a la ausencia de la joven.
La cadena perpetua deja un margen mínimo antes de cualquier beneficio
Ana María Escobar, fiscal del caso, precisó el alcance real de la condena. No se trata solo del nombre de la pena, sino de cuánto tiempo debe pasar antes de que exista siquiera la opción de pedir un beneficio dentro del sistema penitenciario.
"La pena que se impuso al femicida significa que tienen que pasar a lo menos 40 años para que él pueda empezar a postular para efectos de solicitar algún tipo de beneficio intrapenitenciario" - Ana María Escobar, fiscal
A eso se suma otro dato que dibuja mejor el perfil penal del condenado. Andrés Sutar Araya ya cumple una pena de 16 años de cárcel por dos robos con violencia e intimidación, un antecedente que acompaña esta sentencia de cadena perpetua.
En 2024, las autoridades lo detuvieron en Bolivia y luego lo trasladaron a Chile. El caso, por tanto, avanzó entre la investigación del femicidio, la localización del acusado fuera del país y la reconstrucción de unos hechos que habían quedado cubiertos por versiones falsas.
La madre de Javiera puso en palabras la rabia que dejó el engaño
Gladys Galleguillos, madre de la joven, reaccionó a la sentencia con una frase directa, sin matices jurídicos ni rodeos. Ahí aparece también una dimensión habitual en este tipo de procesos, porque la condena judicial no borra ni la espera ni el trato recibido durante la búsqueda.
"Encuentro superjusto que no salga nunca más" - Gladys Galleguillos, madre de Javiera Jiménez Galleguillos
Más allá de esa reacción, su testimonio también desmonta la versión con la que el condenado intentó defenderse. La madre recordó que Sutar Araya sostuvo que su hija se había tirado de la camioneta, una explicación que choca de frente con la reconstrucción del crimen.
La contradicción final resulta imposible de esquivar. Mientras el condenado hablaba de una supuesta huida y de una caída desde una camioneta, la investigación acreditó una lesión mortal en la cabeza, la quema del cuerpo y su ocultamiento bajo piedras cerca de la ruta B-400.