“123 años de salario”: la frase que resume el desgaste de los influencers

Fabio Mufañas, tiktoker con más de 4 millones de seguidores, reabre el debate sobre el desgaste influencer entre polémicas, campañas retiradas y pérdida de audiencia en varios perfiles conocidos.

29 de agosto de 2026 a las 17:15h
“123 años de salario”: la frase que resume el desgaste de los influencers
“123 años de salario”: la frase que resume el desgaste de los influencers

Añadir The App Date como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

La conversación sobre los creadores de contenido ha vuelto a salir del escaparate amable de las redes y ha entrado en un terreno bastante más incómodo. Fabio Mufañas, tiktoker con más de cuatro millones de seguidores, ha publicado un mensaje sobre el desgaste que arrastran los influencers mientras se acumulan polémicas, campañas fallidas y una pérdida visible de seguidores en varios perfiles conocidos.

No llega en un vacío. En las últimas semanas, Erola Jons ha recibido críticas por sus preguntas a los ciclistas en La Vuelta, la campaña de ElXocas con Burger King acabó retirada y TheGrefg quedó envuelto en un conflicto por la compra de un edificio de viviendas y el intento de desalojar a una anciana inquilina.

Fabio Mufañas rompió con el reflejo corporativo habitual

Mufañas no optó por el tono defensivo más previsible ni por la disculpa empaquetada para salir del paso. Su intervención apunta tanto al comportamiento de algunos creadores como a la forma en que la audiencia convierte cada exceso en un castigo público inmediato.

"¿Podéis despertar, podéis dejar de vivir la ensoñación que vosotras habéis creado de vuestro propio personaje? ¿Podéis enseñar un ápice de respeto por la clase trabajadora?" - Fabio Mufañas, tiktoker

Ahí aparece una de las grietas más claras del negocio de la influencia. Cuanto más rentable resulta construir un personaje, más fácil es perder pie cuando ese personaje choca con la vida diaria de quien mira desde fuera y compara salarios, privilegios y exposición.

Después, el creador fue todavía más directo con el clima que rodea a su sector.

"No estamos lo suficientemente enfadados con los influencers" - Fabio Mufañas, tiktoker

La frase no funciona como una enmienda total a su profesión, pero sí como un reconocimiento de algo que las plataformas llevan tiempo acelerando. La distancia entre la vida exhibida en pantalla y la experiencia de la clase trabajadora ya no genera solo ironía, también provoca rechazo.

Las marcas y las campañas ya no amortiguan cada tropiezo

El caso de ElXocas lo dejó claro cuando Burger King retiró una campaña tras sus comentarios sobre Ester Expósito, la clase trabajadora y la bandera de Argentina. Para una marca, asociarse con un rostro conocido da alcance rápido, pero también multiplica el coste de cada declaración fuera de guion.

Algo parecido ocurre con las colaboraciones institucionales o cercanas a la política, donde la lectura pública cambia enseguida. Marina Rivers recibió una oferta de 20.000 euros para promocionar DMOCRACIA, una marca de ropa creada por el Gobierno de Pedro Sánchez.

La propia creadora explicó además que todavía no ha cobrado esa campaña y que aún no ha decidido a qué causa o asociación destinará el dinero. La cifra de 20.000 euros convirtió la promoción en un símbolo incómodo, porque desplaza el debate desde la prenda o el mensaje hacia cuánto vale poner un rostro conocido delante de la cámara.

También cae la paciencia del público cuando el personaje se impone

No todo pasa por campañas o declaraciones. A veces el desgaste llega por acumulación y por una sensación de desconexión que tarda en estallar, pero cuando lo hace golpea donde más duele a un creador digital, en la relación diaria con su comunidad.

Fabiana Sevillano, Carliyo el Nervio, RoRo y Natalia Palacios han perdido seguidores en sus redes sociales. La fuga de audiencia afecta ya a varios nombres al mismo tiempo, algo que sugiere un cansancio más amplio y no solo el tropiezo puntual de una cuenta concreta.

Mufañas también intentó delimitar responsabilidades dentro de ese ruido permanente que mezcla entretenimiento, influencia comercial y juicio moral.

"Los influencers no somos profesores, no somos educadores, no somos culpables de los males que ocurren en la sociedad" - Fabio Mufañas, tiktoker

Su argumento tiene una lectura práctica para cualquiera que pase horas en TikTok o Instagram. Seguir a un creador nunca ha equivalido a firmar un contrato pedagógico, pero las plataformas premian tanto la cercanía que mucha gente acaba exigiendo a esos perfiles una conducta ejemplar que no siempre existe.

La contradicción aparece cuando esos mismos perfiles monetizan intimidad, opinión y estilo de vida como parte del producto. Si la influencia sirve para vender una hamburguesa, una marca de ropa o una imagen aspiracional, resulta difícil pedir después que el público no extraiga consecuencias cuando esa imagen chirría.

Mufañas resumió esa fricción con otra pregunta que va directa al bolsillo y a la comparación social, quizá el punto donde más duele este debate.

"¿En qué momento no nos enfadamos lo suficiente cuando hay una persona diciendo que con x campaña cobra lo que va a cobrar su padre en 123 años? ¿Pero por qué eso se utiliza como arma arrojadiza para hacer sufrir a la otra persona?" - Fabio Mufañas, tiktoker

La mención a 123 años de salario del padre concentra la herida central. No habla solo de cifras desorbitadas, también del momento en que la economía del influencer deja de parecer entretenimiento y empieza a leerse como una provocación para quien compara ese ingreso con una vida entera de trabajo.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía